Pseudociencias y teocientíficos ¿por qué lo llaman ciencia cuando quieren decir política?

Hace unas semanas escribí un artículo en mi blog[1] para denunciar lo que da la impresión de ser una auténtica campaña[2] en contra de la homeopatía y las llamadas pseudociencias y se viene desarrollando de un tiempo a esta parte en la prensa española. En él denunciaba que, bajo la idea de defender el pensamiento científico frente a creencias mágicas, se está montando un discurso lleno de prejuicios y actitudes que recuerdan enormemente a una caza de brujas (algo muy poco científico, la verdad). A pesar de que lo publiqué en un blog muy modesto que, hasta entonces, apenas acumulaba unos pocos cientos de visitas, el artículo se volvió viral llegando a tener 30.000 visitas hasta la fecha. El tema, es, desde luego, candente, y la avalancha de comentarios y debates que provocó sacó a relucir muchas cuestiones interesantes que merece la pena tratar.

Pseudociencias

Los artículos que están apareciendo en prensa, formando parte de esta especie de campaña (organizada o espontánea), contra las llamadas pseudociencias  suelen tomar como punta de lanza el ataque a la homeopatía [3] pero es habitual que amplíen las críticas a quienes se oponen a los transgénicos, las vacunas o la agricultura química[4]. Frente a ellos se sitúa otra corriente que en los últimos años ha conseguido gran popularidad (siendo J. Pamiés su miembro más mediático[5]), que defiende la medicina natural y la curación mediante plantas, mientras critica fuertemente los intereses de las compañías farmacéuticas y agroquímicas[6].

La controversia entre ambas posturas es comprensible y es lógico que surjan debates, porque ni la medicina oficial está libre de la corrupción de las farmacéuticas ni las terapias alternativas están libres de vendedores de milagros. Pero lo que me irrita sobremanera de esta campaña contra las llamadas pseudociencias, es su constante apropiación de lo científico para justificar sus argumentos. Y es que muchos de estos artículos contra las llamadas pseudociencias, a pesar de decirse defensores de la ciencia, utilizan un batiburrillo de argumentos mezclados de forma espantosamente simplista sin el menor atisbo de rigor intelectual.

Así, por ejemplo, se llega a discursos tan maniqueos como: “Gracias a la ciencia, en los países desarrollados podemos disfrutar de luz, agua corriente, calefacción y aire acondicionado en nuestras casas; … podemos confiar en que, si vacunamos a nuestros hijos, los protegeremos de las enfermedades que en otros momentos de la historia, y en otros lugares del mundo, matan a miles de personas; y podemos usar Internet y nuestros potentes smartphones para ignorar toda esta información y decidir que se vivía muchísimo mejor en la Edad Media. Sin medicamentos, sin vacunas, sin energías alternativas, sin transgénicos, sin antenas de telefonía y WiFi, sin información contrastada científicamente. Sin progreso.[7]

Todo está muy claro en este discurso: el Progreso y la Ciencia, con mayúsculas, son incuestionables. Toda crítica a la Ciencia y sus gadgets tecnológicos es debida a la ignorancia fanática de los que quieren hacernos volver a la Edad Media. No hace falta distinguir entre la vacunas y vacunas (la de la viruela —que tanto bien hizo en su día— de la del virus del papiloma humano —tan poco necesaria y tan cuestionada[8]). No hace falta escuchar a quienes padecen de Sensibilidad Química Múltiple o están envenenados por el glifosato de la soja transgénica: los transgénicos y la industria química son buenos por definición porque “traen el Progreso”. 

¿Para qué perder el tiempo en el laborioso proceso científico de estudiar cada terapia alternativa por separado para saber cuáles son realmente una estafa y cuáles aportan algo interesante, de analizar estadísticamente las historias clínicas de  quienes dicen experimentar mejorías o de leer los estudios científicos que dicen que la homeopatía sí es efectiva (que también los hay[9])? ¿Para qué vamos a tener el rigor de no sacar conclusiones hasta tener datos suficientes o de hablar en términos de probabilidades de error? No hace falta. Ya se sabe a priori que todo es un engaño, ya se sabe que todos los casos de curación de los que habla la medicina alternativa son debidos al efecto placebo, ya se sabe que criticar las antenas de telefonía, el WiFi y los transgénicos siempre es una postura acientífica basada en la ignorancia, porque si algo no valora las tecnologías de la Ciencia (con mayúsculas, la oficial, la que vende transgénicos, medicamentos y vacunas) es pseudociencia, es superstición.

En realidad, lo que esta especie de campaña está haciendo es apoyarse en el prestigio del método científico para hacer marketing de sus ideas. Su estrategia de marketing es muy similar a la que utilizaban en el cuento de El Rey Desnudo los astutos costureros: crear un prejuicio que haga sentir ridículo a aquellos que defienden algo. Igual que en el cuento, en el que quien no viera la maravillosa tela era un estúpido, se han inventado términos como magufo o  “el amimefunciona” que nos fuerzan a ridiculizar lo que llaman pseudociencias tengamos o no conocimientos suficientes para hacerlo (y aunque nuestros ojos y nuestra experiencia personal nos digan que “el rey va desnudo”). Si no lo hacemos, corremos el peligro de ser tildados de poco científicos, crédulas e ingenuas víctimas de vendedores de milagros (“¿No serás una de esas que creen en la homeopatía, verdad?”).

 

Pseudoescépticos teocientíficos

Este tipo de argumentos no son nuevos, coinciden con los del llamado movimiento escéptico[10] un movimiento especialmente activo en algunos países de América Latina y en el que se encuentran figuras como el periodista mexicano  Mauricio-José Schwarz (quien ha acuñado el término de “la izquierda feng-shui” o “izquierda magufa”).

El escéptico es un discurso curioso, que se dice defensor de la ciencia pero que, en realidad, no se basa en la duda científica, sino en la fe en la Ciencia. Lo cual es bastante absurdo porque tener fe en la ciencia es muy poco científico. Y es que sus afirmaciones están trufadas de una gran confianza (casi fe) en lo científico y establecen una especie de cruzada contra lo acientífico que emprenden, supuestamente, por el bien de la humanidad a la que tanto mal hacen estas supersticiones.  Con ello, están utilizando la ciencia como fuente de ética (todo lo científico es bueno), olvidando que la ciencia es una herramienta para conocer las consecuencias de nuestras acciones, pero no para decidir si éstas son buenas o malas, porque la ciencia no es ética ni es moral ni es una religión. En lugar de escépticos les podríamos llamar teocientíficos, si se me permite en neologismo, personas que usan la ciencia como dios.

La biotecnología, por ejemplo, puede decirnos que existe un tanto por ciento pequeño de probabilidades de que el maíz transgénico cree resistencias en las larvas de lepidópteros, pero no puede decirnos si ese riesgo es asumible o no, ni tampoco si la prioridad de una sociedad deben ser los beneficios económicos de los agricultores de hoy frente a la estabilidad de los ecosistemas que afectará a la alimentación de mañana. Esas cuestiones pertenecen a la ética, la moral y la política, no a la ciencia.

A mayores, el discurso escéptico no cree ni defiende cualquier ciencia, ya que el actual panorama científico es abrumadoramente extenso y muchas veces contradictorio, y en él no faltan, también, estudios que defienden algunas cosas ellos llaman pseudociencias. La postura escéptica, por ello, se basa en cierto tipo de ciencia, la verdadera ciencia, la oficial, no esa otra que dice “cosas raras” y, según ellos, no es ciencia sino pseudociencia.

Curiosamente, esta ciencia verdadera es siempre la que vende algo: vacunas, medicamentos, semillas transgénicas o agroquímicos; nunca es esa ciencia alternativa o ecologista, que no hace negocio, sino que critica y pone pegas. Los que se dicen escépticos son sólo escépticos con la ciencia alternativa, nunca con la oficial, con lo cual resultan escépticos sólo a medias. Y es que el discurso escéptico, en realidad, es sólo pseudoescéptico y pseudocientífico, ya que no se aplica a sí mismo ni el escepticismo ni el método científico que dice defender.

 

¿Por qué lo llaman ciencia cuando quieren decir política?

Hay algo que llama poderosamente la atención del discurso pseudoescéptico y es esa mezcla de crítica hacia las medicinas alternativas  con el ataque  a cuestiones centrales del movimiento ecologista (como la oposición a los transgénicos, la contaminación química, la energía nuclear o el fracking [11]) sazonado todo ello por la ridiculización de una cierta espiritualidad New Age[12].

El hecho de que el budismo y el hinduismo sean especialmente sensibles a la problemática ambiental, hace que muchas de las personas cercanas a ellos utilicen terapias orientales, sean consumidoras de alimentos ecológicos y estén más o menos cerca del ecologismo. Además, nuestra sociedad está cada vez más lejos de los dogmas cristianos y más abierta a otras espiritualidades; esto puede llevar a creer en tonterías y obsesionarse con supersticiones o bien a vivir mejor y ser mejor persona. Pero, en cualquier caso, es una opción respetable amparada por el derecho a la libertad religiosa. Sin embargo, la oposición a los transgénicos, la contaminación química, el glifosato o el fracking no han surgido de estas tendencias espirituales, sino de movimientos ecologistas que basan su crítica en estudios científicos, en una ética laica y en reivindicaciones de justicia social.

La campaña pseudoescéptica quiere hacernos creer que todas las poderosas corrientes políticas de la izquierda ecologista son una moda frívola de clases acomodadas que juegan con  espiritualidades New Age y rechazan la tecnología por tener una idea romántica de lo natural[13]. La realidad es muy diferente: detrás de la oposición a los transgénicos, por ejemplo, se encuentra una crítica muy dura a un modelo agrícola que está envenenando y desertificando el planeta, haciendo que los agricultores más pobres sufran una enorme dependencia de los insumos y patentando conocimientos que deberían ser patrimonio de la humanidad. Detrás de la oposición al glifosato y los disruptores endocrinos (y los recelos ante el WiFi, aunque más tímidamente) se encuentra la tradicional crítica del ecologismo a la contaminación ambiental. Y detrás del auge de las medicinas naturales está, probablemente, el hecho de que cada vez más personas están enfermando por causas relacionadas con la contaminación, sin que la medicina oficial, tan enormemente centrada en el medicamento y tan dependiente de la industria farmacéutica, sea capaz de dar respuesta a sus problemas.

¿Por qué este interés de los teocientíficos en atacar a la izquierda ecologista? Por una razón muy sencilla: el ecologismo político presenta una crítica muy sólida a la idea del progreso desarrollista, antropocéntrico y expansivo que rige la sociedad actual y el movimiento pseudoescéptico es, básicamente, conservador y neoliberal[14].

El ecologismo político reivindica que es necesario revisar de arriba a abajo el ideal de Progreso que surgió con la Ilustración y la Revolución Industrial pero su crítica no está basada en el romanticismo como nos quieren hacer creer[15]. No es la superstición o la espiritualidad la que hace que el ecologismo critique el rumbo de la actual sociedad tecnológica, sino la abrumadora cantidad de datos y estudios científicos que muestran que este rumbo nos está conduciendo al caos climático, a una crisis ecológica sin precedentes e, incluso, al colapso de esa misma civilización tecnológica que los pseudoescépticos dicen defender[16].

Después de 200 años, el ideal ilustrado de progreso se encuentra muy anquilosado y no es capaz de dar respuesta a los retos del siglo XXI. Por eso, defenderlo acríticamente y aferrarse al él basándose en sus logros históricos (como hace el discurso pseudoescéptico), es fruto de una ideología conservadora que intenta oponerse a la gestación de una nueva definición de progreso acorde con el siglo actual.

Y no es extraño que haya agresivas resistencias al ecologismo político, porque algunas de sus propuestas, como la agroecología, pueden hacer que el volumen de negocios de ciertas grandes empresas caiga estrepitosamente. La agroecología está demostrando que es un modelo válido para sustituir la actual agricultura química, pero tiene el inconveniente de que no necesita casi nada de lo que la industria química o la ingeniería genética le pueden vender[17]. Si a ello le sumamos el hecho de que recientemente la FAO y las Naciones Unidas[18] [19] [20] han publicado estudios que recomiendan este tipo de técnicas agroecológicas como la mejor forma de luchar contra el hambre y el cambio climático o el que los agricultores están empezando a verlas como una alternativa viable para  soportar el aumento del precio de los insumos, no es extraño que se emprendan campañas mediáticas y se utilicen todas las manipulaciones del marketing para desprestigiar estas “peligrosas” tendencias.

En los años 70 la humanidad empezó a ver en el horizonte los límites del crecimiento y surgieron movimientos sociales que buscaban un futuro más en armonía con la naturaleza. La contrarreforma neoliberal de los 80 frustró esas iniciativas y toda la crítica política quedó reducida a un movimiento “hippie” desprestigiado y desnaturalizado. En estos momentos las viejas cuestiones no resueltas de los años 70 están volviendo a ser actualidad, pero ahora con el cambio climático y los límites del crecimiento, no ya en el horizonte, sino en el umbral de nuestra casa. Esperemos que, en esta ocasión, la contrarreforma neoliberal no consiga desprestigiar el ecologismo político ni dejarlo reducido a una cuestión de folclore espiritual, porque no podemos permitirnos el lujo de perder otros 40 años. Necesitamos, urgentemente, orientar el timón de nuestros ideales colectivos hacia una nueva utopía de progreso que nos permitan enfrentarnos con este siglo marcado por la crisis ecológica.

 

[1]https://contadashabas.wordpress.com/2017/06/19/objeciones-de-una-cientifica-a-la-campana-contra-las-pseudociencias/

[2]En este post se analiza la cantidad de noticias aparecidas en El País que tratan de forma desdeñosa la homeopatía en los últimos meses https://medicinahumanista.wordpress.com/2017/06/18/este-pais/

[3]http://www.eldiario.es/sociedad/homeopatia-ciencia_0_661784832.html

[4]https://elpais.com/elpais/2017/06/16/ciencia/1497616571_649155.html

[5]https://dolcarevolucio.cat/language/es/portada/

[6]Quiero dejar constancia que esta referencia no es una defensa a ultranza de la postura Josep Pamiés, quien, en mi opinión, no da suficiente información acerca de los efectos secundarios de las plantas medicinales que recomienda y exagera sus virtudes.

[7]https://elpais.com/elpais/2017/06/16/ciencia/1497610816_219338.html

[8]http://www.saludnutricionbienestar.com/peticion-virus-papiloma/ok.php?xc1=XSP1R507

[9]https://losseudoescepticos.wordpress.com/2017/06/11/seudologica-en-el-seudoescepticismo-su-mundo-se-desmorona-y-no-lo-quieren-aceptar/

[10]http://esceptica.org/

[11]En algunos textos se mezclan todas estas cuestiones y otras más creando batiburrillos muy extraños https://elpais.com/elpais/2016/05/17/buenavida/1463495853_998173.html

[12]Una muestra de mezcla de espiritualidades extrañas con cuestiones centrales del movimiento ecologista http://www.elmundo.es/sociedad/2017/06/29/59537ba6e2704e352a8b4651.html

[13]Una muestra de esta asociación del movimiento ecológico a un romanticismo se puede encontrar en https://elpais.com/elpais/2016/05/17/buenavida/1463495853_998173.html “Hay un sector de la izquierda que asume las tesis rousseaunianas del ‘buen salvaje’ [la naturaleza del hombre es bondadosa, pero en contacto con la sociedad se corrompe], deshumanizado por el progreso científico y tecnológico, y percibe la ciencia como herramienta de dominación y esclavitud a la que se contrapone una vuelta a la pequeña comunidad y al mito de lo ‘natural’, que apuesta por la agroecología frente a la tecnologización agrícola, se opone a la medicina científica a favor de una medicina ‘natural”, y que ha penetrado en la filosofía de la ciencia, la educación y la crianza”.

[14] Este movimiento usa una constante referencia a las tecnologías punteras que le dan un ropaje de modernidad a todo su discurso. Es muy curioso hasta qué punto hemos asociado la tecnología y la sofisticación tecnológica con el progreso y el avance humano y también, hasta cierto punto, con las ideas políticamente menos conservadoras.

[15]Aunque no se base solamente en la ciencia y lo haga criticando el exceso de reduccionismo de la ciencia actual y proponiendo enfoques más sistémicos.

[16]https://www.fuhem.es/Landing_LaGranEncrucijada/lan_LaGranEncrucijada.html

[17]No es extraño que los ataques más violentos contra la izquierda ecologista estén viniendo de personajes como Mulet, cuyo trabajo es la ingeniería genética. http://jmmulet.naukas.com/2014/04/15/agricultura-ecologica-nuevo-reglamento-nueva-aberracion/

[18]http://unctad.org/en/pages/PublicationWebflyer.aspx?publicationid=666

[19]https://www.iatp.org/files/2014.09.17_AgroecologyFAOLetter.pdf

[20]http://www.ipes-food.org/agroecology

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19 Respuestas a “Pseudociencias y teocientíficos ¿por qué lo llaman ciencia cuando quieren decir política?

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  2. Genial post con sólidos argumentos de la génesis de la caza de brujas que sufrimos todos los que no comulgamos con las tesis de la industria química en todas sus variantes, un gigante con tentáculos enormes que van a asfixiar el planeta como no lo defendamos con todas nuestras fuerzas. Permíteme compartirlo en mi blog. Un saludo y enhorabuena

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  3. Aunque no estoy de acuerdo con la totalidad del artículo, me parece que has hecho la mejor descripción que he encontrado del movimiento autodenominado “escéptico”. Enhorabuena.
    Hace un par de años recopilé información sobre cómo este movimiento trata de vendernos como científicas, y las únicas racionales, ideas que son políticas, y me di cuenta de que la tecnocracia que defienden es la misma que denuncia Alan Chalmers al final de “La ciencia y cómo se elabora”. Chalmers mantiene la misma tesis que tú en este artículo: la ciencia nos dice los posibles efectos de nuestras intervenciones, algunos son pros y otros contras. Pero no hay una forma objetiva de pesar esos pros y contras. Ahí entran factores sociales, económicos, medioambientales y los valores de cada uno.
    Escribí un artículo para explicarlo en el que uso la terminología “cientufo”, pero posiblemente es más adecuada la que tú usas:
    http://divulgamadrid.blogspot.com.es/2015/09/cuidado-la-ciencia-mal-entendida.html

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  5. Ante todo, excelente resumen del movimiento escéptico.

    1. Los seudoescépticos han publicado algunos artículos en revistas arbitradas y la mayoría en revistas no arbitradas. Sin embargo, la mayor parte de su producción está curiosamente dedicada a la sección de la paradivulgación “científica”, donde siempre introducen al lector en un tema relacionado a la ciencia y de repente fuerzan el tema hacía su propio modelo de “comunicación e información” (un ejemplo elemental de este modelo se puede ver en la revista “muy interesante”). Por eso, al menos en España, están tan relacionados con RTVE. Y además todo lo hacen un negocio redondo donde su inversión es prácticamente nula, pues pueden mantener varios servidores, pagar una pequeña suma a ciertas personas (no todas) de su equipo para escribir artículos con la misma estructura, idéntica y hasta plagio del plagio. Es un negocio multimillonario que comprende vender revistas, cuotas de recuperación por socios, patrocinadores en los bares donde van, recibir donativos que curiosamente no declaran pero que les patrocinan eventos “independientes”, y les conceden acceso casi automático en medios nacionales a gente que hace unos días no los conocían más que en su casa.

    2. Se quejan de que muchas revistas no ostenten un factor de impacto alto, pero la mayoría de ellos de quienes publican suelen hacerlo en revistas con ningún factor de impacto o con un factor de impacto equivalente al de revistas que crítican (como el caso de Angelo Fasce, José Miguel Mulet, Francisco Villatoro, Arturo Quirantes, Clara Grima, José Gómez Soriano, Mulet, Mario Bunge, Richard Dawkins, etc).

    3. El modelo de economía ultra liberal también parte del negocio que promociona y le retriubye a José Luis Ferreira, uno de los directivos del ARP-SAPC. Y curiosamente este hombre, Ferreira, suele publicar artículitos dedicados a maximizar la rentabilidad de los mercados y toda la potencia del “progreso”. El señor Ferriera defiende su “economía experimental” como un modelo de investigación psicologista, curiosamente parecido al de la “psicóloga” Elizabeth Loftus, acusada por varios de sus colegas de defender a pederastas y otros criminales. Y más curioso que el amigo de Ferrara, Luis Alfonso Gámez, dedique mucho de su espacio para promover a Loftus.

    Como ven, el modelo de corrupción “escéptico” va más allá, tienen prácticamente de todo lo que justifique la corrupción y niegue cualquier evento “anómalo”, porque lo tachan a priori de “fraude”. El mejor ejemplo de este tipo de actitud dogmática lo sintetiza perfectamente el filósofo Angelo Fasce, otro propagandísta que se traga conscientemente buena parte de las mentiras de sus pares y con eso construye con mucha imaginación una “teoría” para intentar demarcar definitivamente una ciencia de otra cosa. No sabe cómo, pero lo intenta y disfraza su empresa con malabares lingüísticos, no sea que se den cuenta de que publicó su pieza de opinión no en Nature o Science, sino en una revista casi desconocida, “Theoria” que no tiene FI y apenas está indexada en Dialnet. Es claro que toda su estructura depende de ese concepto vago de “seudociencia”, no lo justifican objetivamente (aunque siempre se defienden como tales), pero mientras lo venden al mundo y a las academías como su propuesta “científica”, eso sí maquillada y aperfumada para que no se noté la podredumbre. El seudoescépticismo es sólo una pantalla que, disfrazada de autoridad científica se presenta irónicamente como una “no autoridad” para verse muy “neutral” y “objetiva”, aunque no lo puedan disimular todo el tiempo.

    Nota: Si alguien pregunta de actos ílicitos, Fernando Frías Sánchez es el mejor ejemplo de lo que un abogado corrupto en España puede lograr sin trabajar honradamente para enriquecerse ilícitamente.

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  6. Felicidades por el artículo. Es más, para cualquier persona que nos dedicamos a la ciencia, bordear los temas que los teocientíficos asumen como verdad absoluta es un riesgo para nuestra credibilidad profesional. Esta es una de las razones por las cuales muchos científicos “callan” o no se atreven a defender posturas más heterodoxas.

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  9. Enhorabuena por la entrada. Como dice María Jesús en su comentario “Gracias por decir tan claro lo que muchos pensamos”.
    Hablando de Mauricio-José Schwarz, en concreto de su último libro “La izquierda Feng-Shui”, resulta llamativo que la práctica totalidad de los diarios escritos de mayor tirada, tanto a nivel nacional como regional, hayan publicado entrevistas promocionales de su lanzamiento y/o profusas reseñas sobre el mismo.
    Aclaro que no suelo hacer un seguimiento exhaustivo de lo que Mauricio-José Schwarz publica o deja de publicar; pero, tras toparme con sendas (una de ellas creo recordar que ocupaba toda la contraportada) entrevistas publicadas en 2 de los principales diarios escritos de ámbito local/regional de mi comunidad autónoma, y otros 2 de alcance nacional que suelo leer, una sencilla búsqueda en Google por simple curiosidad dio los resultados que dio.
    No creo que pueda considerarse a Mauricio-José Schwarz como un escritor superventas. Ni un autor de referencia en lo que a divulgación científica se refiere.
    Tampoco creo que la editorial Ariel haya invertido una cantidad desorbitada para hacerse con los derechos de edición del libro. Ni que aspire a recaudar ingentes cantidades de dinero por la venta del mismo.
    Aparentemente, tal vez me equivoque, más parece una campaña destinada a crear un estado de opinión o a reforzar uno ya creado. Entendido como refuerzo de la tendencia a la ridiculización que denuncias en tu entrada.

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    • En mi último artículo de mi blog mencioné que las amistades de Schwaz como son Daniel Árbos, José Miguel Mulet Salort y otros curiosamente tienen una amplia publicidad en diaios de tiraje nacional para vender libros. Pero no sólo se trata de sacar dinero con estos, todo eso trae clickbait en sus vídeos, pagos por entrevistas en TV o radio, y que puedan insertarse en cualquier organización, como últimamente pasó con su alianza de RedUne (otro brazo ideológico de ARP-SAPC. Además, para hacer eso necesitas antes poder invertir cantidades ingentes de dinero en publicistas, community managers, troles en twitter que garantizen retuiteos masivos, alianzas con sectors empresiarales y medios de comunicación. En este caso ellos lo tienen con el grupo Prisa y RTVE, gracias a Luis Alfonso Gámez. Si crees que esto es nuevo, necesitas revisar el documento de Geroge P. Hannsen sobre cómo los “escépticos” buscan acapar un sector del mercado para mantener un estado en crisis, y siempre resurjen como más fuerza curiosamente cuando el estatus “quo” es más cuestionado:

      http://www.tricksterbook.com/ArticlesOnline/CSICOPoverview.htm

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  10. Muchas gracias por el artículo. Los que tendemos al escepticismo (sí, lo reconozco) podemos encontrar aquí valiosa información que podemos contrastar.

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