Cómo construir una economía que no necesite crecer: apuntes desde la dinámica de sistemas

La transición energética no puede ser únicamente una cuestión de energías renovables. Esa es la conclusión más evidente de todos los estudios que nuestro Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas (GEEDS) ha realizado en sus casi diez años de investigación sobre el declive de los combustibles fósiles, los límites de las energías renovables y el cambio climático. Para poder realizar con un mínimo de probabilidades de éxito una transición energética, es preciso que ésta venga acompañada de muchas otras transiciones: sociales, ecológicas, culturales y, sobre todo, de una que normalmente se olvida, la transición económica.

Debemos ser conscientes de que, tanto la descarbonización que permitirían evitar un cambio climático catastrófico como el declive del petróleo y otros recursos naturales, requiere enfrentarse a retos técnicos de una enorme envergadura. En nuestros estudios no encontramos formas de solucionar esos retos que no pasen por, o bien una reducción de la actividad económica, o bien suponer mejoras técnicas aceleradas y muy poco realistas.  

Y es que tanto el cambio climático como el pico del petróleo no son sino síntomas de una enfermedad mucho más sistémica: la insostenibilidad estructural de nuestra sociedad. Es obvio que vivimos en un planeta limitado y que todas nuestras actividades requieren, en mayor o menor medida, recursos naturales y servicios ecosistémicos. También es obvio que nuestra economía está diseñada para creer y, aunque la eficiencia técnica y la desmaterialización pueden (teóricamente) permitir que la economía crezca sin incrementar el consumo de recursos, la experiencia nos muestra que su efecto es escaso y, evidentemente, tienen límites. Si queremos que nuestras sociedades sean capaces de adaptarse a la realidad limitada del mundo, en algún momento debemos pensar en diseñar una economía que no necesite crecer.

A pesar de que el Decrecimiento o el Post-crecimiento está despertando interés en los últimos años, el diseño de una economía no crecentista se encuentra todavía en fases muy iniciales. Existen diagnósticos certeros como los que exigen el abandono del PIB como indicador económico, los de la economía biofísica que hablan de la necesidad de volver a vincular la economía a los flujos metabólicos o los de la economía feminista que observan hasta qué punto lo que llamamos economía se ha desvinculado de su función principal: el cuidado de la vida. Pero, a pesar de lo certero de estos diagnósticos, se echan en falta mecanismos concretos que puedan hacer que todos esos errores se corrijan. Por ello me gustaría intentar aportar algunas ideas sobre dinámicas que pueden corregir esa tendencia al crecimiento de la economía actual aplicando las herramientas de la dinámica de sistemas.

Dinámica de Sistemas

La dinámica de sistemas está basada en el concepto de realimentación y fue el economista Adam Smith el primero en dar nombre a esta propiedad de los sistemas dinámicos y describir con ella su teoría de la regulación del mercado. Desgraciadamente, los economistas que siguieron a Smith adoptaron como principio la regulación del mercado, pero abandonaron la visión de la economía como un sistema dinámico. El hecho de que el modelo más relevante de dinámica de sistemas (el utilizado en los informes sobre Los Límites del Crecimiento en 1972[3]) arrojase conclusiones que chocaban abiertamente con los paradigmas económicos dominantes tampoco ha ayudado a que las herramientas de la dinámica de sistemas se hayan hecho populares en los ámbitos económicos.

Pero los arquetipos de la dinámica de sistemas son especialmente útiles a la hora de analizar el proceso económico y me gustaría presentar algunos de ellos utilizando como herramienta los diagramas de flujo (ver figuras). Las flechas de estos diagramas representan relaciones causa efecto entre variables y los signos nos indican si dichas relaciones son directas (+), cuando el aumento de una conduce también al aumento de la otra; o inversas (-), cuando el aumento de una conduce a la disminución de la otra. Hablamos de lazo de realimentación cuando aparece una cadena cerrada de relaciones causa-efecto, lo que popularmente se conoce como una pescadilla que se muerde la cola. Estos lazos pueden ser estabilizantes y ayudar a que los sistemas se mantengan en equilibrio o pueden ser inestabilizantes y forzar a un crecimiento continuo.

Economía orientada a las necesidades humanas

Por ejemplo, una economía pensada para satisfacer las necesidades de las personas se podría representar con un diagrama como el de la figura 1. En él vemos cómo la producción se resta a las necesidades humanas para calcular el déficit de producción. Si existe déficit, tenderá a haber un crecimiento que aumente la producción y corrija el déficit; si, por el contrario, se produce más de lo necesario, el crecimiento será negativo y la producción disminuirá. Podemos ver que se forma una cadena cerrada de relaciones causales con dos signos positivos y uno negativo, esto quiere decir que el lazo resultante es estabilizante y la producción tiende a ajustarse a las necesidades humanas. Este lazo, describe el comportamiento estable de una economía orientada a satisfacer necesidades que vienen dadas por el tamaño de la población, las necesidades básicas y/o los valores culturales, como lo eran en gran medida en las economías tradicionales de base agraria. Al ser un lazo estabilizante, permite diseñar economías sostenibles siempre y cuando las necesidades humanas estén dentro de los límites de la capacidad de carga de los ecosistemas.

Figura 1: patrón dinámico de una economía orientada a satisfacer necesidades. La actividad crece lo suficiente para satisfacer las necesidades y, una vez alcanzadas, deja de crecer. El comportamiento es estable

Dinámica de Inflado de Objetivos

Pero la economía capitalista no sigue este patrón ni tiene un comportamiento estable. Esto es especialmente evidente desde principios de siglo XX, cuando las políticas keynesianas empezaron a incidir en la importancia de estimular la demanda. Este mecanismo de aumento de la demanda se puede representar por un arquetipo que podemos llamar de Inflado de Objetivos que está representado en la Figura 2. En este arquetipo, los objetivos de una organización son modificados por los intereses de diferentes actores y esto perjudica a la organización en su conjunto.

En la economía actual existen dos mecanismos muy claros que hacen que las necesidades tiendan a inflarse artificialmente y han sido descritas en la figura 2 con las flechas rosas. Por una parte, las empresas y los capitales obtienen beneficios proporcionales a la cantidad de producto vendido, por ello tienen interés en que la producción crezca e invierten en publicidad para incrementar las necesidades percibidas por los consumidores. Este comportamiento se realimenta a sí mismo, porque crea también un lazo cerrado de relaciones causa-efecto, pero en este caso todos los signos son positivos: cuanta más producción más necesidades y cuantas más necesidades también más producción. Todo ello conduce a una economía consumista que aumenta constantemente el impacto de las actividades humanas sobre la biosfera.

Pero hay otro mecanismo que también crea este patrón y es más insidioso. Viene dado por la necesidad de las clases trabajadores de asegurarse su sustento mediante el empleo remunerado. Como los salarios son también proporcionales a la producción, la clase obrera está obligada a apoyar el aumento de la producción para asegurar su salario. Además, el hecho de que la automatización disminuya la cantidad de puestos de trabajo por unidad de producto, hace que los trabajadores ejerzan cada vez más presión para aumentar la producción y, con ello, se conviertan en enemigos de cualquier medida ambiental que intente estabilizar el impacto humano dentro de los límites del planeta.

Figura 2: Inflado artificial de los objetivos. Las necesidades aumentan sin cesar debido a que varios actores reciben beneficio del aumento de la producción. El comportamiento global es inestable y hace que aumente sin cesar la producción y la presión sobre la biosfera

Este mecanismo del Inflado de Objetivos explica el habitual conflicto entre movimientos ecologistas y sindicales que causa una particular esquizofrenia en el seno de los movimientos de izquierda. Por una parte, la izquierda apoya las reivindicaciones ecologistas, pero, por otra, defiende el mantenimiento de los puestos de trabajo en empresas cuyas actividades son netamente insostenibles como el automóvil o las minas de carbón. En contadas excepciones se encuentran sectores económicos que proporcionan a la vez nuevos puestos de trabajo y disminución del impacto sobre la biosfera, pero, no es esa la tónica general, con lo cual el conflicto entre empleos y ecología queda sin resolver o es cerrado artificialmente a base de subvenciones o de esperanzas en encontrar “tecnologías verdes”.

Esta dinámica del Inflado de Objetivos, especialmente en la faceta ligada a los salarios, debería ser tenida mucho más en cuenta, porque nos hemos acostumbrado a admitir que crear puestos de trabajo es uno de los objetivos irrenunciables de cualquier política económica. Sin embargo, aumentar la cantidad de trabajo no debería ser un objetivo, ya que el objetivo real de la vida humana es la satisfacción de las necesidades con el mínimo de trabajo, tiempo y uso de recursos. Si el empleo se ha llegado a ver como un bien en sí mismo, yo creo que es porque -en realidad- se comporta como uno de los pocos mecanismos de redistribución de beneficios empresariales y bienes de todo tipo con el que contamos, como argumentaba en este artículo .

Corrección del Inflado de Objetivos

Para neutralizar estos lazos desestabilizantes que no permiten crear economías sostenibles, sería deseable encontrar fórmulas que desliguen la producción, tanto de los beneficios empresariales como de los salarios. Una forma de hacerlo es la que se representa en la figura 3, en la que tanto beneficios empresariales como salarios son ligados directamente a la satisfacción de las necesidades humanas en lugar de la producción.

Aunque esta forma de funcionar pueda parecer muy alejada de una economía real, existen modelos empresariales que se acercan a este comportamiento. En las cooperativas de consumo de electricidad renovable, por ejemplo, las propias personas consumidoras son los dueñas de la empresa y no están interesadas en aumentar la producción sino en consumir lo menos posible para pagar menos. Su objetivo empresarial, por tanto, está ligado a la satisfacción de sus necesidades, no a los aumentos de producción. También las empresas públicas que proporcionan servicios como el suministro de agua o el transporte son relativamente independientes de la producción porque su objetivo es proporcionar un servicio público.

igura 3: Corrección del Inflado artificial de los objetivos. La forma de desactivar la dinámica de Inflado de Objetivos es hacer que las remuneraciones, tanto de empresas como de trabajadores no dependan de la producción sino del grado de satisfacción de las necesidades humanas definidas exógenamente

Dinámica de la Competencia

Revertir la dinámica de Inflado de Objetivos es necesario para superar la actual economía consumista, pero el diseño de una economía sostenible requiere ir más allá, ya que existen muchos otros mecanismos que nos fuerzan a crecer. Gran parte de ellos tienen que ver, de una manera u otra, con la Dinámica de la Competencia[4].

La competencia económica es considerada un mecanismo positivo que estimula el desarrollo tecnológico y la eficiencia del mercado y está presente en muchos aspectos del proceso económico, tanto a nivel de empresas como de consumidores o naciones enteras. Sin embargo, es también una de las cosas que más estimulan el crecimiento porque no permite que uno de los actores de la economía se estabilice unilateralmente en un límite sostenible mientras el resto siguen creciendo.

La figura 5 ilustra este comportamiento tomando el ejemplo de la competencia entre dos empresas por las cuotas de mercado. Si las ventas de la empresa 1 crecen menos que las de la empresa 2, ésta debe esforzarse por aumentar sus ventas de forma que no quede rezagada respecto a su competidora. Pero cuando la empresa 1 aumenta sus ventas, es la empresa 2 la que se ve en posición de desventaja y es obligada a crecer. Esto crea un lazo de realimentación inestabilizante en forma de ocho que ha sido marcado en la figura 5: las dos empresas se estimulan mutuamente a crecer.

Figura 5: Competencia. La producción aumenta porque los actores económicos se comparan con sus competidores. El comportamiento es inestable y hace que aumente sin cesar la producción y la presión sobre la biosfera.

La competencia fuerza a los actores económicos a crecer continuamente aumentando su presión sobre la biosfera y hace imposible que se adapten a un límite hasta que una fuerza externa se lo imponga. Pero si la competencia continúa cuando aparecen límites externos, la dinámica se convierte en una carrera por los recursos escasos en la que el crecimiento de algunos actores necesita del despojo de otros. 

Esta tendencia de crecimiento de unos actores económicos a costa de otros es cada día más evidente en la economía mundial, especialmente desde la crisis de 2009 que se ha “resuelto” a base del deterioro de las expectativas vitales y laborales de la juventud, de precariedad, recortes, intensificación del extractivismo, etc. No es de extrañar que este deterioro generalizado coincida con el inicio de las noticias sobre el agotamiento de recursos de todo tipo, empezando por el petróleo.

Economía foro

¿Qué mecanismos pueden cambiar la competencia que nos obliga a crecer por una cooperación beneficiosa para todos los actores del proceso económico y para la biosfera? ¿Puede controlarse la competencia sin recurrir a planificaciones centralizadas o regímenes autoritarios?

El funcionamiento de las cooperativas de consumidores puede darnos algunas pistas sobre cómo responder a esas complejas preguntas. Tuve la suerte de conocer en profundidad los entresijos de este tipo de entidades durante mis años como miembro del Consejo Rector de la  cooperativa de consumidores y productores ecológicos Ecogermen, y creo que estas cooperativas aportan una valiosa experiencia que pueden corregir algunas de las deficiencias más importantes de la economía actual.

La característica más interesante de una cooperativa de consumo es que integra en su seno  actores de todos los eslabones del proceso económico (consumidores, productores y trabajadores en tareas de comercialización) y ello impone una constante negociación entre todos. Existen muchos intereses contrapuestos entre todas estas partes: los consumidores demandan precios bajos mientras los productores quieren precios altos; trabajadores y productores desean producir más para asegurarse su salario o sus ventas, pero también trabajar menos para tener más tiempo libre. Los consumidores desean consumir productos de más calidad, pero no tienen necesidad de demandar por encima de sus necesidades.

Figura 6: Foro de negociación. Los beneficios relativos de todos los actores integrantes del proceso económico se ponderan en un único foro de diálogo que busca la equidad y el equilibrio de intereses y actúa corrigiendo desequilibrios. La producción no necesita aumentar por encima de las necesidades de los consumidores. Los intereses de los consumidores que piden calidad y de los trabajadores que piden menos tiempo de trabajo benefician indirectamente a la biosfera

Lo que caracteriza a una cooperativa de consumidores y productores es el constante tira y afloja de intereses de todos los actores y la necesidad de que el marco común funcione. Esto requiere que exista un foro de diálogo constante donde deben llegar a compromisos para sacar adelante una actividad que interesa a todos. Por otra parte, aunque la biosfera no está representada como actor, la presión de los socios consumidores que demandan alimentos sanos actúa a favor de que se hagan correctamente las cosas desde el punto de vista ambiental.

El diagrama de la figura 6 representa la dinámica que se produce en esta estructura de foro. En el foro se comparan los beneficios relativos de cada uno de los actores. De forma que si, en algún momento, uno de ellos está teniendo comparativamente más beneficios que el resto, la negociación tiende a hacer que sus beneficios se equilibren con los de los demás.  Esta constante negociación entre actores iguales crea lazos de realimentación estabilizantes y no forma realimentaciones que requieran un crecimiento de la actividad económica.

La idea que subyace a esta estructura es la búsqueda del equilibrio a través de la negociación y se diferencia de las dinámicas de los mercados capitalistas en que intenta reunir a todos los actores del proceso económico. Porque la dinámica del mercado es también una negociación entre productores y consumidores, pero deja fuera a los trabajadores que son quienes sufren sus consecuencias sin poder influir en ella. Las negociaciones sindicales también parten de una búsqueda del equilibrio entre trabajadores y empresarios, pero dejan fuera a los consumidores. Al hacerlo, los consumidores actúan como esquiroles, ya que pueden optar por productos más baratos conseguidos en empresas que no respetan los derechos laborales y destruye la capacidad de negociación de los trabajadores.

Esta idea de incluir todas las actividades del proceso económico en un único foro negociador es el movimiento opuesto a la tendencia que han seguido las empresas en las últimas décadas: externalizar lo más posible las consecuencias de la actividad económica. La externalización rompe los lazos de información, impide que los mecanismos de control se pongan en marcha y se ha visto enormemente beneficiada por la globalización.  Aunque hay aspectos de la globalización que se han debilitado en la última década, todavía vivimos en una economía muy globalizada en la que los mecanismos reguladores apenas pueden actuar. Por ello, primer paso para construir una economía adaptada a los límites ecológicos debería ser retomar las propuestas que el movimiento alterglobalización hizo en su día y que buscaban construir una globalización que no fuera únicamente económica para que los mecanismos equilibradores pudieran funcionar tanto a nivel local como global.

La transición económica.

Debemos construir nuevas formas de organización social que nos permitan crear una sociedad  adaptada a los límites del planeta si no queremos que el cambio climático, el declive de las fuentes energéticas  y el deterioro generalizado de la biosfera empiecen a ser las causas de una crisis económica permanente, que nos lleve a la recesión y la pobreza generalizadas.

¿Existe una prosperidad sin crecimiento? ¿Podemos diseñar economías capaces de proporcionar lo necesario a los seres humanos y, a la vez, preservar la salud del planeta? La respuesta a todas esas preguntas podemos buscarla en ese mecanismo que la propia naturaleza utiliza para equilibrar los ecosistemas y también nuestros propios cuerpos y es la base de la Dinámica de Sistemas: la realimentación. Esperemos que  esta metodología que fue capaz de prever hace 50 años que en 2020 nos íbamos a enfrentar a problemas muy similares a los que ahora estamos sufriendo, nos sirva para diseñar una transición lo menos traumática posible en este siglo de la gran prueba.

Publicado originalmente en Dossieres EsF


[3] D. H. Meadows, D. L. Meadows, J. Randers, W. W. Behrens. The Limits to Growth. Universe Books, 1972.

[4] También la dinámica del préstamo con interés como apuntó M.K. Hubbert, es un importante motor del crecimiento económico y posee características diferentes de las dinámicas basadas en la competencia.

3 Respuestas a “Cómo construir una economía que no necesite crecer: apuntes desde la dinámica de sistemas

  1. Marga, Me ha encantado tu artículo. Me parece muy oportuno en los momentos que vivimos. Espero que estés bien. Un abrazo, Agustí

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  2. Asombroso artículo, una vez más. Aunque este y otros muchos textos me sugieren repetidamente un término que me parece que comunica mejor todo lo que implicaría el concepto de ‘decrecimiento’. El término sería el de Viabilidad Sistémica. Lo veo implícito en los trabajos del GEEDS, en el Proyecto MEDEAS, ahora en LOCOMOTION-H2020, en la tesis Gaia Orgánica, o por ejemplo en análisis que realiza José Manuel Naredo en su entrevista en el nº 107 de la revista Ecologista https://www.ecologistasenaccion.org/163412/los-conceptos-que-nos-moldean-una-entrevista-con-jose-manuel-naredo/ , que denomina Enfoque Ecointegrador, donde economía, organización social y naturaleza no son otra cosa que subsistemas que interactúan dentro de un gran sistema. Existe el Enfoque de Sistemas Viables, aplicado a los negocios (BAU) pero también es evidente que en muchas de las investigaciones anteriormente citadas y otras muchas que desconoceré subyace una búsqueda de ‘Viabilidad Sistémica’ que, a mi entender, supera las limitaciones y contradicciones del término ‘decrecimiento’ e incluso explica mejor el concepto de lo que se necesita, saliendo además del ámbito de referencia al sistema económico dominante y su índice rector, el PIB. Si ya resulta difícil comunicar la oportunidad de un cambio de paradigma consciente y voluntario que además es contraintuitivo, más complejo lo va a ser si no se sale de ese mismo paradigma obsoleto desde el propio lenguaje. Muchas gracias, Marga. Saludos cordiales. https://desdeahoraya.wordpress.com/2021/05/24/viabilidad-sistemica/

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