Mi vida dentro de una jaula de Faraday

Abril 2020. Confinamiento. Se me va la cabeza, no consigo concentrarme en nada. Tengo muchísimo trabajo en el proyecto (teletrabajo), las clases on-line, la soledad, el encierro… y encima no me funciona la cabeza. Es una sensación muy extraña.

Hace muchos años que la miro con recelo. Está ahí, a 200 metros del precioso ventanal orientado al sur de mi cocina-comedor donde paso tantas horas trabajando. Los datos oficiales dicen que tiene 6 antenas de telefonía, también dicen  que los niveles medidos cumplen la normativa legal vigente.

Hace unos años una amiga de AVAATE  midió la intensidad de las radiaciones al lado de mi ventanal y había unos  30 microW/m2. Ya empiezas a tener algo, me dijo, pero para un lugar de trabajo no es muy preocupante.

Junio 2020. Nada más acabar las restricciones de movimiento le digo a una arquitecta del Instituto Español de Biología del Hábitat que venga a hacer un estudio de radiofrecuencias en mi casa. Es 4G, todavía no han metido el 5G. La zona del ventanal al sur tiene 600 microW/m2 pero la zona sur del piso de arriba está mucho peor (mi casa es unifamiliar de dos pisos y adosada). 18.000 microW/m2 en la habitación de mi hija, 2.700 microW/m2 en la de mi hijo. Tienes que aislar, Marga, esto ya es peligroso, me dice.

Coloco, de momento, la cama de mi hija en la pequeña habitación auxiliar de la planta baja, que da al norte. Ella misma reconoce que duerme mejor en esta habitación (a pesar de que, como todos los adolescentes, piensa que estas cosas son de padres magufos anticiencia que están todo el día dando la vara con eso de que estamos colgados del móvil).

Entrar en la habitación de mi hija produce una sensación rara. Si, es verdad. Es una sensación claramente eléctrica, como si se te electrificara la piel ¿cómo no me había dado antes cuenta de ello?

Mi vecina de al lado se interesa por lo que le cuento. Es electricista y conoce los riesgos de las radiaciones. Su casa está todavía más expuesta que la mía. Su hija de 20 años ha sido diagnosticada con esclerosis múltiple.

Julio 2020. Zafarrancho de trabajo casero para aislar el ventanal. Compro una mosquitera de acero inoxidable por internet para colocarla en la estructura de la parra que sombrea el ventanal. Pesa como un demonio, a duras penas consigo cortarla con una tenaza. Consigo colocarla a pesar de que mis hijos apenas me ayudan, (las bobadas de mi madre que nos va a estropear la vista del patio).

Algo cambia. Lo noto, estoy más a gusto al lado del ventanal.

Preparo todo para hacer el aislamiento de la casa después del verano: hay que buscar un pintor para que aplique una pintura negra de grafito, poner derivaciones a tierra, volver a pintar de blanco, poner cortinas de telas especiales de filamentos metálicos…

Viernes 18 de septiembre 2020. Vuelvo al trabajo después de un buen mes de vacaciones de verano que ha servido para curar el agobio de los duros meses de confinamiento. Físicamente me encuentro muy bien después de unos días de bicicleta. Todavía no ha empezado la vorágine del trabajo. Estoy relajada y descansada.

Insomnio. El viernes 18 no duermo nada en toda la noche. Na-da. Café resignado a las 7 cuando me enfrento a la mañana del nuevo día continuando el día anterior. El sábado 19 sí consigo dormir.

El domingo 20 no duermo na-da. El lunes 21 no duermo na-da. El martes 22 no duermo na-da. ¡Nunca había vivido algo así!

Hace años que tengo insomnio ocasional, me cuesta, sobre todo, conciliar el sueño, especialmente cuando me quedo por la tarde trabajando o escribiendo y tengo la cabeza llena de ideas. Suelo irme a la cama y estar una, dos o tres horas hasta conseguir un sueño decente. Raras veces concilio el sueño antes de la una o las dos de la madrugada. Pero, al final, toda la excitación nerviosa se termina relajando, a partir de las 4, siempre lograba dormir.

Pero este insomnio es diferente. Es una especie de excitación nerviosa muy intensa que no se cae nunca, no se relaja con el tiempo. Es como si no viniera de mí. Yo no estoy agobiada, no tengo mucho trabajo ahora, no tengo la cabeza llena de ideas como habitualmente…

Miércoles 23. Me coloco un reflector de aluminio (de esos que se usan en los coches, para evitar que el sol los caliente) en la cabeza cuando me meto en la cama (esto es ridículo, Marga…).  Pero noto algo. Coloco otro sobre el pecho, ahí también noto que hace falta. Me siento mejor, es todo muy extraño. Duermo algo.

Jueves 24 de septiembre 2020. Decido dormir en el salón. Es el lugar de la casa donde estoy más a gusto. Pero estoy entrando en una dinámica de paranoia. Duermo en un saco, encogida, me da un tirón en el cuello. Evito trabajar en el ventanal, intento estar el mayor tiempo posible fuera de casa, voy por las calles mirando todas las antenas de telefonía que veo en los tejados… Todavía no he conseguido comprar la pintura ni encontrar pintor.

La arquitecta que me ha hecho la medición me recomienda tener cuidado con el móvil y el ordenador. Me doy cuenta de que mi ordenador portátil tenía el bluetooth activado por defecto y mi móvil también. No sé si me estoy volviendo paranoica, pero siento en móvil. Cuando estoy mucho tiempo con él activado noto un atontamiento extraño, es como una borrachera. Me acostumbro a tenerlo en modo avión y encenderlo sólo cuando lo voy a usar. Se nota. Yo, al menos, lo noto. El wifi hace años que lo apagaba por las noches. Me aterra volverme electrosensible.

26 de septiembre. Voy a Burgos el fin de semana a cuidar a mi madre. Qué curioso, duermo bien en casa de mi madre.

3 de Octubre 2020. Fin de semana en casa de una amiga en el campo. Vientos violentos mecen los grandes pinos piñoneros. La casa es fría. Casi no tiene ni cobertura de móvil. La primera noche tardo en dormir. La segunda me doy cuenta de que se me había olvidado lo que era dormir a pierna suelta. Despierto a las 6 de la mañana, sin despertador, y me doy cuenta de que estoy completamente descansada, relajada y no tengo ya más sueño. He soñado mucho.

Lo comento con algunos amigos y algunos (ellos, curiosamente ¿será por eso del manexplainig?) me dicen que tengo demasiado trabajo, que me meto en todo, que pruebe con aceites esenciales o con alguna rutina antes de irme a la cama… Pero yo duermo… ¡donde duermo!

Viernes 9 de octubre 2020. Otros cinco días durmiendo a medias en el salón. Sueño ligero, a cachos, cafés resignados a las 6 de la mañana. Este fin de semana no puedo escapar a la casa de campo. Siento un mareo extraño, soy incapaz de atender las cosas materiales, la casa, los platos, la comida… estoy atontada, siento un alarmante aleteo en el pecho…nunca había sentido algo así ¿será una arritmia? Pido cita para el médico. Es viernes, tenemos reunión online, paso de ella, quiero descansar un poco pero no hay ningún rincón de mi casa donde pueda sentarme tranquila, lo único que sé hacer es encender el ordenador y colgarme de cualquier tontería en internet. No puedo estar más en esa casa.

Vete, vete Marga. Sal de aquí. Vete a cualquier parte, no puedes ni pensar. Vete.

Con un tremendo esfuerzo consigo juntar algo de ropa en una maleta y me meto en el coche. No sé a dónde ir. No puedo ir a la casa de campo esta vez. No quiero pasar el fin de semana en mi casa. Lo primero es alejarme, luego ya pensaré. Quizá pueda alquilar una habitación en algún hotel, en algún pueblo…

Termino pasando el fin de semana en casa de una amiga. Es el barrio de Delicias, plena aglomeración urbana, decenas de wifis en el bloque de viviendas, pero es mejor que mi casa. Consigo calmarme. Duermo bien algunos días, otros no tanto.

Desarraigo. ¿Qué voy a hacer? ¿tengo que irme a vivir al campo porque me he vuelto electrosensible? ¿Qué hago con mis hijos? ¿Y el trabajo? ¿Dónde puedo vivir estos meses hasta que consiga reorganizar mi vida, si es que no puedo vivir en mi casa ya nunca más? ¿Dónde encontrar la calma suficiente para pensar?

Octubre 2020. Todo el mes con la casa empantanada para conseguir pintar. Es un proceso laborioso, son varias capas, hay que dejar secar, dar otras tantas capas más… Duermo en la casa de campo, yendo y viniendo todo el día, no sé dónde tengo la ropa ni la comida. Pero me encuentro tan bien… me meto a la cama a las 10 con la bolsa de agua caliente, me despierto al amanecer a estirarme un poco entre los pinos. ¡Cómo carga el aire del campo! ¿El aire? ¿será el aire puro, la presencia de los grandes pinos o la ausencia de radiaciones… o será algo que tiene el campo que nos permite descargarnos (¿eléctricamente?) y sentirnos tan bien, tan conectados, tan capaces de tomar las riendas de nuestra vida, tan capaces de atender las cosas materiales del día a día, tan…todo lo contrario al atontamiento del móvil, de las antenas, de estos meses pasados.

Entro en la habitación de mi hija una vez que el pintor ha acabado de aplicar la pintura aislante y la sensación es muy curiosa. Es obvio. Algo ha cambiado. Mucho. No es la  agresiva sensación eléctrica de antes. Es similar a lo que siente una cuando entra en una cueva, esa sensación de …protección. Me siento bien aquí. Aquí puedo dormir.

También noto que estoy mejor en la planta de abajo, pero sólo en las zonas que están justo debajo de estas habitaciones que ya están pintadas. ¿Será paranoia o es verdad que cuando me alejo de las zonas con los techos pintados vuelvo a sentirme incómoda y cuando estoy debajo estoy bien? Me da que viene del techo, tiene sentido, las antenas están en el cerro. Le tengo pánico al móvil, cada día lo siento más… (Marga, por favor, no te obsesiones…).

No me acabo de sentir bien en la casa. Pregunto a la arquitecta si puedo aislar también las habitaciones del norte y me dice que no. Las radiaciones son caprichosas, si aíslo por todas partes, rebotan y mi casa se convierte en un microondas de donde la radiación no puede salir. Lo único que puedo hacer es pintar todos los techos.

Vamos a pintar todos los techos. Dos semanas más de obra. Si esto no funciona tendré que irme a vivir a otro lugar. Mi casa… ¿por qué tengo que abandonar mi casa? ¿quién o qué me la ha arrebatado?

Noviembre 2020. Terminó la pintura. Vuelta a casa. Limpiar y recolocar todos los muebles, libros, ropas. Empiezo a dormir en la habitación de mi hija. Me ha gustado la sensación de cueva que me da y no me atrevo todavía a dormir en la mía.

Duermo. Sorprendentemente duermo. Y duermo mejor que antes de septiembre y, sobre todo, de una forma diferente. Ya no necesito ese largo rato para conciliar el sueño, simplemente me duermo y no sé cómo lo hago. Despierto temprano, y descansada. No duermo tan bien como en el campo, pero no tiene nada que ver con lo de antes. Los días que me voy a la cama cansada, duermo; los días que me quedo hasta tarde escribiendo, también duermo.

La médico de cabecera me toma la tensión y dice que está muy bien, no me ausculta siquiera. Han desaparecido ya completamente los aleteos en el pecho. Le digo que ya duermo después de los más de 2.000 euros de pintura, cortinas, tomas de tensión y pintor. Qué curioso, dice, pero yo no sé nada de eso.

Le ruego que lo vigile ¿cuántas personas de mi barrio estarán afectados por las antenas?  ¿A cuántos vecinos y vecinas mías les estará ella recetando pastillas para dormir, pastillas para la arritmia, pastillas para la ansiedad, cuando lo único que tienen son las mismas antenas que tengo yo encima de casa? Yo he tenido la suerte de conocer a gente que está en estos temas, de ser capaz de informarme, de pagarlo, pero ¿cuántas personas estarán sufriendo sin saber de dónde viene? Pero ella se encoge de hombros: yo no sé de estas cosas, pregunta a las asociaciones de personas afectadas…

Luego se extrañarán de que nos busquemos la vida con “pseudociencias” y cosas que leemos por internet.

Empiezo a pensar que no he tenido siempre insomnio. De hecho, era muy dormilona antaño. En 2015 sí recuerdo tener insomnio, 2014, 2013…quizá también. ¿Cuándo llegó el 4G a Valladolid?… creo que en 2013. ¿Qué pasa sobre la una o las dos de la madrugada?… que la gente deja de usar el móvil. ¿Cuántas noches de insomnio he tenido que pagar para que mis conciudadanos puedan tener 4G?… Ell@s, porque yo, la verdad, con el 3G o incluso con el 2G e internet por cable tengo más que suficiente.

Y lo más sorprendente de todo es que me olvido de ello. Ya no voy por la calle mirando antenas, sintiendo que hay extrañas radiaciones acechando en todas partes, chequeando si estoy bien o mal… me ha dejado de preocupar el tema ¿estoy loca o es mi jaula de Faraday?

17 Respuestas a “Mi vida dentro de una jaula de Faraday

  1. Tremendo testimonio. Se agradece tu sinceridad y valentía al publicarlo, sobre todo viniendo de una persona de ciencia como tú. Espero que a partir de ahora todo vaya a mejor. Mucho ánimo.

    Yo, cuando pienso en toda la porquería contaminante que reciben nuestros cuerpos a diario (y sobre todo los de nuestros hijos), se me revuelven las tripas. Metales pesados, dioxinas, nanoplásticos, disruptores endocrinos, en el aire, el agua, alimentos, por todas partes .. es para volverse loco …

    Al accionar el freno de un vehículo se liberan a la atmósfera pequeñas cantidades de amianto, que forma parte de algunas piezas del sistema de frenos .. en fin .. es mejor no pensar ni leer al respecto .. a veces pienso que seguimos con vida de puro milagro .. y entonces pienso en la Canción del Pirata “.. y si caigo ¿qué es la vida? por perdida ya la dí ..”

    Mi sueño sería que esta sociedad pudiera decrecer ordenadamente y limitar al mínimo su dependencia tecnológico-industrial. Y me gustaría poder vivir en el campo, lejos de tanta agresión. Pero la realidad es que tendremos que seguir en la ciudad, esperando que la transición que ha de experimentar lo urbano supere algún día los escollos de la propuesta tecno-optimista a la crisis sistémica.

    Con respecto a lo de las antenas de telefonía, no estoy muy informado al respecto, pero he visto que hay opiniones encontradas y polémica, y muchos estudios aún por realizar. Pero si encima al final, como parece que va a ser, nos imponen lo del 5G, habrá que replantear por completo el tema de las repercusiones en la salud.

    Cuidado también con lo de pensar que en el campo estamos libres de agresiones tecnológicas: tengo entendido que cuanto menos densidad de antenas (situación en el campo) más tienen que “elevar la voz” los dispositivos en comunicación (antena y móvil receptor). O sea que, contrariamente a lo que nuestra intuición nos dicta, en algunos puntos del campo, quizás hay que ser más precavidos y tener encendido el móvil solo el tiempo estrictamente necesario porque puede radiar más de lo normal (y se le agota la batería antes por eso).

    Recordar también (por enésima vez) que los males que nos proporciona el móvil y demás pantallitas van mucho más allá de la radiación: falta de atención, hiperactividad, ansiedad, deterioro visual (aumento de dioptrías durante el confinamiento) .. por no hablar de cómo nos controla el mercado a través de estos cacharros, y de cómo se tritura la naturaleza en todos los confines del planeta, y se moviliza y esclaviza a toda una civilización, para que podamos consultar facebook o whatsapp …

    Algún día tiraré mi móvil a la mier… ejem, lo llevaré a un ecoparque ..

    Saludos

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  2. Tienes razón, así debería ser, pero la ciencia también funciona mucho al ritmo del mercado .. muchos estudios realizados desde el interés y no desde la objetividad, y eso suscita mucha confusión y suspicacia. Por eso son necesarios los estudios independientes (si es que pueden llegar a serlo) … que siempre llegan tarde, si llegan …
    Desde luego, siempre es necesario alzar la voz, sobre todo desde el ámbito científico, aunque sea en medio de la confusión …
    A mí me ha servido tu testimonio para darme cuenta de que detrás de esto de la electrosensibilidad no ha de haber solo magufismo, como me habían hecho creer …

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  3. Esta es mi historia.
    Muchos se sonreirán, pero están en su derecho, y por otro lado a mis años hay pocas cosas que me molesten y las tome en consideración.
    Lo que me gustaría dejar claro, es que mis amigos y compañeros de Alcoe, saben que todo es cierto.
    Es mayo de 2011. En menos de una semana, me quedo totalmente invalido de pies y manos. Dolores solamente en las dos pantorrillas. Eso si, horrorosos. No tomo ningún medicamento ni voy al médico. Me hago unos tratamientos naturistas y espero. Al cabo de unos quince días la familia me dice que al hospital o al psiquiatra. Vamos a un médico naturista y me dice que estoy tan mal que no me receta nada. Seguidamente a Urgencias e ingresado. Me dicen que tengo el Síndrome de ¿ Guillain –Barre?. Antes de continuar comentare que llevaba más de 30 años de vegetariano y nunca en ese periodo había visitado un médico.
    Llegar al hospital y decirles que quería comida vegetariana, fue como si les hubiese agredido en lo más profundo. Todos los médicos empezaron a decirme que esa había sido la causa de mi enfermedad, y todos enloquecidos tratando de que comiese carne. Todo termino cuando les dije a dos facultativos que venían juntos, lo siguiente, Textual.” Les voy a decir una cosa, estoy inválido de pies y manos, pero la cabeza y la lengua la tengo de puta madre, así que dejen ya de contarme chorradas”. Tema solucionado. Después de ponerme seis bolsas de no sé que, ya que se lo pregunte y no me lo dijeron, a la semana me mandan para casa con una caja de inyecciones de vitamina B 12 como todo tratamiento. La estancia en el hospital, daría para un libro.
    Cuando terminé las inyecciones y después de pensarlo mucho, tome la decisión de empezar a comer pescado azul y poco a poco algo de carne.
    Segunda parte
    Poco a poco y con muchísima fuerza de voluntad, empiezo a recuperarme. Lógicamente comienzo a buscar por internet la posible causa de mi enfermedad. En un momento dado estoy convencido de que tengo fibromialgia ya que son los mismos síntomas que yo tenía. Sigo investigando hasta que otro día leo los efectos de las ondas electromagnéticas. Y qué casualidad, enfrente de mi casa tenía unas hermosas antenas y en mi casa cuatro teléfonos inalámbricos, y yo me pasaba más de tres horas hablando diariamente. Compro un medidor y empiezo a aislar mi vivienda. Relativamente fácil, ya que era una casa unifamiliar, sin vecinos cercanos. Otra cosa era la antena de enfrente y otras dos un poco más alejadas. Al poco tiempo me doy cuenta de que el problema lo había reducido solo a la mitad, ya que la calle y donde fuera, era otra agresión constante. Intento evitar algunas calles y las aglomeraciones e intentar vivir lo menos mal posible. En esta época mi problema físico mayor, eran los calambres en las piernas por las noches y el agotamiento. Cuando salía de casa siempre llevaba ropa especial con hilos de cobre y plata.
    Como pienso que este problema había que darlo a conocer, en el 2012 entro en un grupo para desde dentro intentar divulgarlo. No lo consigo y junto con unos amigos fundamos Alcoe, Asociación leonesa contra la contaminación electromagnética. En 2013 empezamos un médico, un psicólogo y yo a dar charlas en colegios y en lugares que nos lo pedían. Invitamos a nuestros amigos de Avaate, a Costa Morata y a Ceferino Maeztu. Este último estuvo en diciembre del pasado año en el Salón de Actos del Ayuntamiento de León. Mas de cien personas pero ni un solo interesado. En febrero decidimos tomarnos un año sabático ya que pensábamos que era desproporcionado el trabajo con los resultados y que la solución debería de ser política.
    Tercera parte.
    En 2016 decido venir a vivir a un pueblo libre de contaminación electromagnética. Iba una vez a la semana a León y volvía por la tarde para el pueblo. Físicamente sin problemas salvo si alguna vez estaba mas de una hora en algún lugar con mas radiaciones de las debidas. Siempre el mismo problema, calambres y rotura de capilares en los brazos. También siempre lo mismo, si había poca radiación, en un brazo, si lo contrario en los dos y más grande el diámetro del hematoma.
    Las radiaciones y los dispositivos han ido y van en constante aumento de una forma desaforada. Los móviles cada vez sirven menos para hablar. Son un almacén para una serie de dispositivos que cada uno agregado produce mas radiación.
    En marzo de 2019 en una visita semanal a la capital, noto que me cuesta trabajo respirar y como una opresión en el pecho. No le doy importancia y a la semana siguiente lo mismo, y a la siguiente, y a la siguiente. Casualmente en el pueblo nunca tuve el menor problema, solamente en la capital. Como la cuarta vez fue muy fuerte, acompañada de traca y confetis, decido ir a un cardiólogo amigo. Asustado, casi me lleva por la fuerza a Urgencias. Entro y al día siguiente me colocan un stern. No cuento lo del hospital y lo de los medicamentos para no aburrir. Como decidí no pisar la capital se terminaron unos problemas, pero como dice Murphy, llegaron otros.
    Ultimo Acto (de momento)
    Vivía más o menos feliz, sin problemas de ningún tipo, cuando en mayo pasado, una vecina de toda la vida en el pueblo, me pregunta si no me he dado cuenta de que todo el pueblo está lleno de pardales muertos. Como era época de encierro, empiezo a buscar y efectivamente había pasado algo que les había exterminado. Sigo pensando y me doy cuenta de que los aviones, golondrinas y vencejos habían desaparecido todos. Busco el medidor de ondas, empiezo a medir, y caso resuelto. Habían subido la potencia de las antenas más de cien veces de potencia. Por suerte para mi, vivía en la parte baja del pueblo y mi vivienda estaba poco afectada. Sigo midiendo todos los pueblos de la comarca y el único radiado el mio.
    Otra vez a hacer la maleta y ya estoy en otro pueblo, prácticamente sin radiación.
    Hace un momento termino de oír, que uno de los síntomas del ELA, es que les cuesta trabajo tragar. Como a mí, cuando me cazan las microondas. Sigo esta enfermedad y los síntomas son muy parecidos. Pero como siempre es casualidad. No vamos a pensar mal.
    Cuando alguien me dice que va a ir al médico, no puedo por menos de pensar lo siguiente: ¡Que no son los genes idiota, que es el medio ambiente¡
    SALUD
    Vicente

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    • Buf, vaya testimonio más impresionante, Vicente. Qué triste que esto tenga que explicarse con el “me van a tomar por idiota” por delante. Yo, ultimamente, cuando oigo que a algo lo llaman “pseudociencia” pongo la oreja por si acaso hay algo interesante 😉

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    • Hola Vicente y Marga… me sucede lo mismo, pero aqui en Argentina. cuando empezo esto en el 2020 vivia en Buenos Aires y me afecto, mi pareja no me entendio y me tuve que separar y me fui a Rosario a 300km, aqui empezaron este ultimo mes de mayo 2021 a subir la potencia, tengo sumbidos constantes en los oidos, que se me habian ido cuando me escape de Buenos Aires en diciembre, y no puedo dormir y me salen hematomas en el area del tobillo izquierdo.
      Gracias por sus comentarios!

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      • Jobar, es increíble. Mucha suerte, a ver si consigues aislarte un poco….
        Si las telas aislantes son demasiado caras puedesprobar con las “mantas” estas de emergencia que usan los equipos de rescate que son de aluminio. Al ser metálicas sirven de reflectante y son muy resistentes y baratas….

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  4. Pingback: En camino – Biotropia·

  5. Claro que han aumentado la potencia de las antenas en esa fecha Marga, y ya en pruebas antes.

    Solo dos datos a tener en cuenta, fijaros en que fechas aumentan la potencia y con que coincide ( además de muchas veces la muerte de pájaros, pues los pilla por sorpresa en zonas que creen seguras) y como segundo dato, serán radiaciones no ionizantes ( al menos a corto/medio plazo), pero nadie habla de las líneas de absorción y lo que potencialmente puede hacer

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