Extender la noción de cuidados para huir del colapso

Nota sobre el texto[1].

El feminismo ha ganado una fuerza muy notable en nuestro país estos últimos años y yo me atrevería a decir que buena parte de su éxito se debe a la popularidad que ha alcanzado el mensaje ecofeminista y el eslogan “poner la vida en el centro”. Cada vez es más evidente que necesitamos una sociedad en la que el crecimiento económico y las ganancias del capital dejen de ser el principal, y casi único, objetivo de la política económica (y de la sociedad misma) y ésta se oriente hacia lo más importante: el bienestar de la vida humana en equilibrio con el resto del Planeta.

En ese sentido, es una buena noticia que el feminismo esté planteando una crítica de raíz a la economía capitalista, ya que la economía es nuestro metabolismo; es decir, nuestra relación con la energía y la materia. No podemos aspirar a cambiar la sociedad sin cambiar esta base material. Sin embargo, como reconoce Orozco (2017), todavía la economía feminista “carece de una apuesta política clara” y encuentra dificultades para traducir su crítica a medidas económicas concretas que vayan más allá de políticas comunes a otros sectores de la izquierda.

Bajo mi punto de vista, una de las herramientas que mejor puede ayudar a que la economía feminista y el ecofeminismo articulen un discurso que les permita aterrizar hacia las políticas económicas es el concepto de patrón de colapso de la Dinámica de Sistemas. El colapso es uno de los patrones básicos de crecimiento y algunos de sus elementos se pueden comparar con bastante fidelidad con el comportamiento de la economía capitalista, ya que reflejan la tendencia que ésta tiene a expandirse y sobrexplotar. Entender este patrón es esencial a la hora de desactivar la deriva colapsista que nuestra sociedad está tomando y yo creo que gran parte de las medidas que se deben tomar para desactivarlo se pueden calificar de ecofeministas. Pero, antes de hablar sobre estas relaciones, me gustaría dar un repaso al patrón de colapso en sí.

Patrones de colapso

El patrón de colapso se basa en la combinación de tres lazos de realimentación que se pueden ver en el gráfico de la figura 1, donde cada flecha habla de una relación causa-efecto entre las variables que une.  Hablamos de lazo de realimentación cuando aparece una cadena cerrada de relaciones causa-efecto, lo que popularmente se conoce como una pescadilla que se muerde la cola, es decir: un comportamiento que se alimenta a sí mismo.

En el patrón de colapso [1], por una parte, tenemos el lazo de crecimiento exponencial, que, en la figura 1, es representado por las flechas azules y está aplicado a la economía. Las flechas azules van desde la variable crecimiento económico a la variable actividad económica, lo que significa que cuanto más crecimiento de la actividad económica hay, mayor es esta actividad (como es lógico); pero también hay una flecha azul en sentido contrario, indicando que cuanto mayor es la actividad económica también mayor es su crecimiento.

Este es el comportamiento habitual de los sistemas cuyo crecimiento es porcentual, como las economías capitalistas, ya que se da por hecho que el PIB (actividad económica) debe crecer un tanto por ciento anual para que la economía funcione correctamente. Pero crecer a un 2% o un 3% significa que el crecimiento es mayor cada año porque es un tanto por ciento de una cantidad que también es mayor cada año.

Este tipo de crecimiento exponencial es muy inestable, porque se acelera continuamente y se vuelve explosivo cuando el tiempo avanza. La economía capitalista es especialmente proclive a crecer de esta forma debido a algunas de sus características (crédito con interés, dinámicas de competencia, etc.) pero no es el único sistema que crece de esta manera. El crecimiento exponencial es muy común en la naturaleza, ya que es el comportamiento habitual de las poblaciones de seres vivos cuando encuentran alimento abundante.

colaps

Figura 1: Diagrama de lazos de realimentación del patrón de colapso.

Sin embargo, nada puede crecer de forma infinita en el mundo real porque toda actividad necesita energía y materiales, y ambos son limitados. En los ecosistemas se habla del concepto de capacidad de carga (llamado en la figura 1 Capacidad de la base nutritiva), que podemos definir como la cantidad de alimento que un ecosistema puede proporcionar de forma sostenible. Si, por ejemplo, tenemos una manada de herbívoros en una pradera, la capacidad de carga serían los kilos de hierba que crecen cada semana. Si los herbívoros necesitan una cantidad menor, la población conseguirá estar alimentada y tenderá a crecer; pero, si requieren una cantidad mayor, aparece un déficit que frena el crecimiento de la población.

Estas relaciones crean un lazo de realimentación que, en la figura 1, está representado en verde y su comportamiento es estabilizante, porque hace que el crecimiento económico se frene cuando el déficit empieza a ser importante. La combinación de estos dos lazos de realimentación da lugar a un patrón temporal de estabilización en forma de S. Cuando la población (o la actividad económica) es pequeña, los recursos son abundantes y la población puede crecer de forma muy rápida, pero, a medida que se acerca a los límites, se pone en marcha el lazo estabilizante que disminuye el crecimiento y la población tiende a un valor sostenible.

Sin embargo, hay sistemas en los que el lazo verde de estabilización no se pone en marcha con suficiente velocidad como para conseguir esta evolución suave al equilibrio. Esto se debe a que el déficit de recursos tarda en hacer que el crecimiento disminuya: el sistema se resiste a decrecer por inercias, bloqueos o retrasos en la información. En ese caso, puede aparecer el lazo de sobrexplotación que hemos marcado en color rojo.

La sobrexplotación aparece cuando el crecimiento continúa más allá de la capacidad de carga, pero esto sólo puede hacerse a base de deteriorar los recursos de la base nutritiva. Siguiendo el ejemplo de la manada de herbívoros, estos podrían comer más hierba de la que crece, pero sólo a costa de comerse la planta entera. Durante unas semanas podrían seguir creciendo por encima de la capacidad de carga, pero a base de degradar el pastizal y conseguir que éste deje de ser productivo. Este es el comportamiento que describimos coloquialmente con la expresión matar a la gallina de los huevos de oro.

La sobrexplotación crea también un lazo de realimentación (el lazo rojo de la figura 1) porque hace que la capacidad de la base nutritiva disminuya y, al disminuir, aumenta el déficit y esto conduce a una sobrexplotación todavía mayor. Este lazo de degradación realimentada hace que la población (o la actividad económica) se desplome. El resultado de la combinación de estas tres dinámicas es el patrón de colapso que se puede ver en negro en la figura 1: un crecimiento inicial rápido que llega a un máximo y cae también de forma muy rápida.

Conquista vs. cuidados

Las dinámicas de crecimiento, sobrexplotación y colapso han perseguido a los seres humanos desde el inicio de su historia (Diamond, 2005) y, en general, son las que rigen el comportamiento de los seres vivos. Algunas sociedades han sabido perdurar y llegar a equilibrios con su medio a base de limitar su crecimiento, pero la cultura occidental –sobre todo a partir del siglo XV—eligió otra opción para escapar del choque contra los límites: la conquista (Fernández y González, 2018).

La expansión colonial permitió a las sociedades europeas crecer más allá de la capacidad de carga de su territorio y el uso de los combustibles fósiles hizo posible un crecimiento todavía mayor. Esto nos ha permitido vivir cinco siglos de crecimiento exponencial continuado y ha hecho que pensemos que éste es el comportamiento normal.  Pero todo crecimiento tiene un límite y, aunque muchas personas siguen creyendo que la expansión puede continuar con la ayuda de nuevas tecnologías, son numerosos los textos científicos que argumentan lo contrario[2].

Ante la evidencia de los límites, la sociedad debería poner en marcha el lazo verde de la estabilización con políticas de buen decrecimiento. Esta idea del decrecimiento voluntario, de una manera u otra, ha sido el mensaje principal del ecologismo político en las últimas décadas, pero estamos viendo que las medidas tardan mucho en ponerse en marcha, porque el capitalismo se resiste a decrecer y está cargado de inercias e intereses enormemente poderosos.

El retraso de la puesta en marcha del lazo de estabilización hace que el pernicioso lazo rojo de Degradación de la base nutritiva pueda empezar a dispararse en cualquier momento. Por ello es vital que, en estos momentos, el ecologismo añada otro mensaje de forma muy contundente: tenemos que desactivar el lazo de degradación. Este mensaje añade un matiz distinto al mensaje decrecentista, y creo que la palabra que mejor lo describe es la noción de cuidado, que ha sido utilizada ampliamente por el ecofeminismo, pero aplicándola en un sentido más amplio.

Porque podemos llamar políticas de cuidado a todas aquellas que desactivan la relación entre el déficit y la sobrexplotación (lo que en la figura 1 se ha señalado con el aspa violeta). La actitud de cuidado es la que inspira las políticas de protección ambiental y nos lleva a gestionar bien el territorio, los suelos, los bosques; es la actitud que protege la reproducción de todo lo que nos alimenta.

También la noción de cuidados aplicada a las personas es especialmente importante ante el colapso, porque hay dos cosas que ponen en marcha el lazo rojo de la degradación: la ignorancia y la desesperación. La ignorancia es muy peligrosa, aunque, en estos momentos, es más virtual que real –porque el problema es bien conocido, pero son muchas las personas que eligen no verlo.  La desesperación es más preocupante, porque parte de personas que, a pesar de conocer el daño que sus actos están haciendo, no son capaces de cambiar porque se encuentran al borde de sus capacidades físicas o psíquicas, incapaces de optar a otra cosa que no sea sobrevivir.

Por eso, el cuidado de los seres humanos es vital en estos momentos. Sólo una sociedad que cuide a las personas y disminuya la pobreza será capaz de evitar que la desesperación nos lleve a degradar los recursos que sostienen nuestra propia vida. También es vital, por otra parte, que sepamos cuidarnos y satisfacer nuestras necesidades con tecnologías que tengan muy bajo impacto ambiental y, asimismo, cuiden la tierra. Sólo protegiendo la naturaleza seremos capaces de sostener la vida humana; sólo cuidando la vida humana seremos capaces de frenar la degradación de la naturaleza.

Además, deberíamos intentar ir más allá de la protección y considerar objetivos más ambiciosos que cambien el signo de la flecha entre el déficit y la sobrexplotación. Debemos empezar a hablar de políticas de regeneración, que no sólo eviten que la base nutritiva disminuya, sino que, incluso, la aumenten. En este sentido, existen ya experimentos muy interesantes en los ámbitos de la agricultura regenerativa y la permacultura que demuestran que estas políticas son posibles[3].

Cuidado de la economía y la tecnología: la cuestión de la reproducción

El concepto de base nutritiva se ha aplicado en los párrafos anteriores a los ecosistemas que proporcionan recursos o servicios a las sociedades humanas (bosques, pesquerías, suelos) pero también puede extenderse a muchas otras cosas que sustentan la vida humana, incluida la tecnología. En este sentido, la cuestión de la reproducción es la clave que une el ecofeminismo  y la economía ecológica y puede permitir el diálogo tan necesario entre estas dos disciplinas–como Yayo Herrero (Herrero, 2017) señala.

Así como la economía feminista habla de la importancia de la reproducción de la vida humana, la economía ecológica habla de la reproducción de los bienes fondo (Naredo 2004). Los bienes fondo son aquellos que se regeneran por sí mismos (porque provienen de sistemas biológicos) y su reproducción permite que los seres humanos consigamos recursos y energía  renovables. Gran parte de lo que he llamado base nutritiva son, básicamente, bienes fondo. La buena salud de estos bienes fondo implica que su reproducción será exitosa y éstos serán una fuente sostenible de recursos.

Tanto la economía feminista como la ecológica están hablando de la necesidad de cuidar la vida y la importancia de proteger su reproducción. Por el contrario, la economía capitalista no presta atención a la reproducción de la vida, asume que los recursos naturales o humanos son infinitos y siempre van a estar disponibles. Frente a una economía capitalista que no ve siquiera que la base que sustenta el proceso económico es física, biológica y limitada, la economía ecológica y la feminista reconocen el valor de todos los trabajos de cuidados que permiten que esta frágil base se mantenga viva y sana.

Este cuidado de la reproducción puede extenderse más allá del ámbito de las personas y los ecosistemas y abarcar incluso cosas como la tecnología. Podemos hacer un paralelismo entre el uso que la tecnología hace, por ejemplo, de los materiales y la noción de cuidado. El reciclaje de muchos de los minerales que son esenciales para las tecnologías actuales es despreciable. Los minerales se extraen mayoritariamente de minas y, una vez usados, son tirados a vertederos, donde se dispersan y es prácticamente imposible recuperarlos. Nuestra tecnología se basa en una cultura de usar y tirar que podemos llamar conquistadora: extrae de minas y dispersa en vertederos sin apenas reciclar y, cuando agota una mina busca otra nueva mina o intenta sustituir un recurso con otro. Pero esto tiene un límite, ya que las minas que se van encontrando son cada vez peores y sustituir unos minerales por otros implica perder prestaciones y eficiencia.

Los minerales valiosos para la tecnología deberían considerarse parte de esa base nutritiva que es preciso cuidar a base de reciclarlos a tasas cercanas al 100%, de forma que éstos estén disponibles para la tecnología humana durante siglos. De forma que nuestra base nutritiva y nuestra noción de todo aquello cuya reproducción debe ser cuidada podríamos llevarla mucho más allá del hogar y extenderla a casi todos los aspectos de la sociedad: ecosistemas, personas, tecnologías, minerales, familias, sociedades, etc. La noción de cuidados, de esta forma, podría extenderse a todo aquello que nos sostiene y cuya sobrexplotación necesitamos evitar para huir del colapso.

Yinizando la economía

Los conceptos base nutritiva y lazo de crecimiento tienen una similaridad importante con los conceptos chinos del equilibrio yin/yang, por ello me gustaría introducir esta similitud e intentar aplicarla a la economía.

Lo que he dado en llamar la base nutritiva de la sociedad es muy similar a lo que la filosofía taoísta llamaría la parte yin de la sociedad (lo que, de forma simplista, se traduce por femenino pero en el idioma chino responde a un concepto mucho más amplio). Yin es todo aquello que nutre, que sostiene, aparentemente pasivo pero que posee la fuerza en la que se basa cualquier acción; yin es el vacío, el no hacer y la escucha imprescindibles para la acción, la palabra y la creación (Watts y  Huang 1976). El elemento yin por excelencia es la tierra que sostiene y nutre lo que crece. Los trabajos de cuidado tienen un carácter eminentemente yin: silenciosos, humildes, frecuentemente ignorados, frecuentemente feminizados, enormemente importantes. Por otra parte, el concepto yang (de forma simplista traducido por masculino) está asociado a la expansión y la acción y se ve reflejado en el patrón de colapso en el lazo de crecimiento y la tendencia conquistadora de la economía capitalista.

Tanto en el taoísmo como en la dinámica de sistemas, la noción de equilibrio dinámico es fundamental. Esta es una aportación muy interesante para la cultura occidental, que tiende a caer en la tentación de abusar del maniqueísmo bueno/malo, demasiado simplista para comprender los sistemas.  Ni el aspecto yin ni el yang de una sociedad son deseables o indeseables por sí mismos, lo deseable es su equilibrio. Cuando el exceso de yang lleva a una sociedad a expandirse por encima de lo que su yin puede permitirle, se debería intentar yinizar[4] la sociedad, es decir, priorizar las acciones nutritivas por encima de las expansivas.

La economía capitalista tiende a potenciar el aspecto yang expansivo a cualquier coste. En la crisis económica española del 2008, por ejemplo, tanto desde posiciones liberales como socialdemócratas, el énfasis se centró en reactivar el crecimiento, añadiendo más yang a una economía muy expansiva de por sí. Pocos se pararon a pensar si el problema estaba en la base yin agotada que ya no soportaba más crecimiento, ni si era posible implementar medidas yin que recuperasen esa base.

Una política yin muy interesante habría sido, por ejemplo, ahorrar energía mediante planes como los que propusieron algunos para la reforma de viviendas o el uso de transporte público. Podemos calificar esta política de yin porque se basa en dejar de hacer, en conseguir beneficios económicos, no a base de vender más, sino de comprar menos.  Esto habría ayudado a mitigar el desempleo y equilibrar el déficit comercial sin necesidad de incrementar tanto el esfuerzo exportador. En lugar de ello, se optó por fomentar las grandes obras públicas, una política sin el más mínimo ingrediente yin: salvaba las grandes empresas de la construcción en lugar de a las pequeñas, aceleraba el consumo de energía y recursos, etc.

Tampoco las políticas para salir de la crisis se han centrado en proteger a las personas, sino a los bancos: de nuevo una política totalmente yang que deteriora la base para salvar la élite. Se hablaba, por otra parte, de fomentar la innovación y la investigación en las empresas, pero no se dice cómo es posible que la delicada flor de la I+D+i surja de un sustrato de trabajadores exhaustos que, desde la crisis, hacen el doble de trabajo con la mitad de sueldo. A diez años de distancia, podemos afirmar que la base social y ecológica española está todavía más agotada que antes de la crisis, lo que indica que, eso que llaman recuperación, no ha sido sino una continuación del crecimiento a base de sobrexplotación social.

Otro aspecto interesante de las nociones yin/yang es su carácter relativo o adjetivo, ya que no existe una frontera clara entre ellos, sino que algo es yin o yang en relación a aquello con lo que se compara. Esto nos permite huir de esas categorías estancas en las que tendemos a clasificar artificialmente a veces a personas (o seres vivos) como sometidas o dominadores. Una mujer europea de clase media urbana que cuida a sus hijos, por ejemplo, está realizando labores yin, pero una mujer campesina que realiza las mismas labores sería todavía más yin que la urbana por vivir de un sector más olvidado y más básico. Y todavía sería más yin la labor de hombres de países empobrecidos que extraen los minerales necesarios para la electrónica que usan ambas mujeres; y más yin, todavía, la aportación invisibilizada de los cultivos, los ganados y la tierra fértil sobre los que se sustenta la alimentación de ellos y ellas.

Este carácter adjetivo nos puede ayudar a la hora de decidir cuáles son las prioridades a la hora de proteger la base nutritiva de nuestra sociedad. Si lo que necesitamos es alimentar el aspecto yin de la sociedad, la prioridad debería estar en proteger lo más yin, lo más básico, lo que tiene un carácter más nutritivo y que, habitualmente, será lo más silencioso y lo más olvidado. Lo primero deberían ser los bienes fondo de la energía, los ecosistemas y la materia sobre los que se basan las personas y sus actividades y a partir de ahí todas las actividades humanas empezando por las más humildes.

La rentabilidad económica de la actitud de cuidado

La sociedad occidental ha vivido muchos siglos dentro de una cultura que podemos llamar del usar y tirar, una cultura yang expansiva que no se preocupaba de cuidar ni regenerar su base nutritiva, ya que siempre encontraba la posibilidad de conquistar nuevos territorios y explotar nuevos recursos. Esta actitud ha sido posible y muy rentable económicamente (al menos para algunos) mientras los recursos eran abundantes. Por eso, la actitud conquistadora y expansiva, asociada a la derecha, ha estado unida a imágenes de prosperidad, bienestar, riqueza y progreso.  Es la actitud que hemos asociado con lo económicamente sensato, con aquello que hace cuadrar las cuentas y tener un balance positivo.

Por otra parte, el discurso de la izquierda se ha basado en los derechos: los derechos a un trabajo digno, a la igualdad o a un medio ambiente sano. Estos derechos eran algo a proteger a pesar de que, económicamente, se veían como una traba, un empeoramiento del balance contable, una pérdida de la eficiencia económica que había que asumir para proteger nuestro bienestar, algunas veces más espiritual que material. Con esta mentalidad, no es extraño que lo primero que se haga en la crisis económica sea acabar con los derechos laborales y explotar todavía más los ecosistemas, ya que proteger la economía es lo más urgente.

Pero ese discurso parte de un error de bulto: asociar la actitud expansiva y explotadora a la buena gestión económica, sin tener en cuenta que, cuando los límites del crecimiento aparecen, la explotación se convierte en sobrexplotación y esta es una nefasta estrategia económica, incluso desde el punto de vista puramente contable, egoísta y material.

Cuando se llega a los límites, la expansión es la actitud que más rápidamente conduce al colapso. Y el colapso es el peor escenario de pobreza, involución y degradación, es decir: lo opuesto a esos ideales de progreso, bienestar y riqueza que la derecha esgrime como estandarte. Si bien es cierto que, a corto plazo, una política sobrexplotadora puede incrementar la riqueza de una minoría cada vez más pequeña a costa del empobrecimiento de las mayorías, este proceso encuentra pronto el límite. La desigualdad acelera la degradación de la base social e intensifica el patrón de colapso que termina en una caída estrepitosa para todos.

En un mundo con cuatro grados más de temperatura la única sociedad humana que puede imaginarse son grupos de tuaregs intentando sobrevivir al infierno, donde poco beneficio pueden encontrar los fondos de inversión. En una España tragada por el Sahara, ni la caza ni las macrogranjas conseguirían un balance económico positivo, por mucho que intenten maximizar la automatización o destrocen los parques naturales.  Un mundo de ecosistemas degradados y sociedades destrozadas es un mundo de muy bajo retorno energético, donde las cosechan son exiguas e inestables y el trabajo es penoso. Y un bajo retorno energético significa, inevitablemente, un bajo retorno económico, es decir: muy malos negocios. Ante los límites del crecimiento la actitud explotadora no sólo es moralmente reprobable, es también una actitud económicamente estúpida.

Políticas yin del cuidado para huir del colapso

Solo las políticas económicas basadas en el cuidado y la regeneración pueden resultar sensatas en un mundo limitado, ya que son las únicas capaces de evitar que la sociedad entre en patrones de colapso y consiga un balance energético y económico positivo. La izquierda debe ser capaz de entender esta nueva tesitura en la que nos encontramos y hacer uso de todos los argumentos que nos da el patrón de colapso para lanzar un mensaje mucho más potente que el actual.

Las políticas de la derecha son absolutamente colapsistas, están basadas en ideas del pasado y nos conducen a un mundo situado en las antípodas del ideal de progreso que nos venden. Es hora de dejar de asociar la prosperidad, la buena gestión económica y el bienestar a actitudes que destruyen la base ecológica y humana que nos alimenta. Sólo la actitud del cuidado y regeneración es capaz de proporcionarnos la prosperidad material que, en su justa medida y sin caer en los extremos aberrantes del consumismo, es tan imprescindible para el mantenimiento de la vida. Sólo un progreso que sea sostenible y alcance el equilibrio con la biosfera puede ser durable y conducir a un futuro esperanzador y, por tanto, considerarse progreso.

Necesitamos cuidar la naturaleza, las personas, la economía y la tecnología y yinizar la sociedad. En el siglo XXI, con un Planeta explotado por los cuatro costados, ya no tenemos ni anchas mesetas ni amplios imperios por conquistar y es hora de decirles a los nuevos conquistadores que están surgiendo desde la extrema derecha que hagan el favor de quedarse en casa, para que no destrocen con los cascos de sus caballos los pocos recursos que nos quedan.

Esperemos que el feminismo siga extendiendo su noción de los cuidados mucho más allá del ámbito doméstico y sea capaz de desarrollar herramientas teóricas que permitan  construir una economía que realmente ponga la vida en el centro. Porque si por algo se está caracterizando este siglo que comienza es por el deterioro de la vida en el Planeta, tanto la vida humana como la no humana. Restaurar la base que sostiene y alimenta esa vida es esencial y esto sólo puede conseguirse si su cuidado se convierte en el tema central de esa disciplina que está en la base del poder político y determina de manera tan importante nuestras vidas: la economía.


Nota sobre el texto [1] Este texto surgió a raíz de las masivas manifestaciones feministas de marzo de 2019 y fue publicado en junio de 2019 en versión inglesa con el título Ecofeminismo para huir del colapso  https://www.resilience.org/stories/2019-06-17/ecofeminism-to-escape-collapse/. La versión en castellano, sin embargo, se retrasó porque mi intención fue publicarlo fuera de los habituales círculos ecologistas y “colapsólogos” para que llegara al mundo del feminismo. Después de preguntar acerca de foros donde pudiera encajar sin mucho éxito, decidí enviarlo una revista académica especializada en el pensamiento feminista. La respuesta de las revisoras ha sido tajante: rechazado sin posibilidad de enmiendas, es un texto superficial y lo que se cuenta no tiene nada que ver con el ecofeminismo.

Creo, sinceramente, que ha sido rechazado porque no lo han entendido y, sobre todo, porque no habla con el lenguaje del gremio, no cita a las autoras del gremio y no se adecúa al formato de la revista (esto último, reconozco, es error mío). Pero, sinceramente, sigo pensando, que las ideas que en él se exponen sí tienen mucho que ver con conceptos centrales del ecofeminismo y les aportan una relevancia y una profundidad mayor al ligarlos a las dinámicas de colapso ecológico. Es más, creo que, precisamente por no hablar el lenguaje del gremio y por venir de un enfoque muy diferente, este artículo aporta algo al mundo del feminismo que no pueden aportar quienes andan por los caminos trillados y repiten las ideas cientos de veces enunciadas.

Es una lástima que en las disciplinas académicas siempre terminemos haciendo eso: cerrar las puertas a quienes vienen de fuera porque no saben escribir documentos con muchas citas que reflejan que dominan a la perfección nuestro campo antes de intentar aportar una miaja al mismo. Reconozco que no soy capaz de escribir textos académicos sobre ecofeminismo con el rigor con que escribo artículos de energía o dinámica de sistemas, no he leído lo suficiente sobre este campo, no puedo leerlo todo. Pero ¿debo dejar de intentar comunicar a las del otro gremio que veo similitudes enormes entre su disciplina y la mía? ¿tienen que despreciar de esa forma el enorme esfuerzo de simplificación que he hecho para comunicar conceptos complejos de mi campo de forma sencilla para intentar relacionarlos con el suyo?

Con todo ello, he entendido que las pensadoras del ecofeminismo no me dan su permiso para usar su término, por lo cual, lo he retirado del título y he intentado evitarlo en el texto. Dejo a los lectores y lectoras opinar acerca de si este texto aporta algo al ecofeminismo, a la economia feminista, al ecologismo o si sirve para algo o para nada.

 

Referencias

  1. Diamond. Collapse: How Societies Choose to Fail or Survive. Viking Press, 2005.

2018. Fernández Durán, R. y González Reyes, L. En la espiral de la energía de Ramón. Libros en Acción, 2018.

  1. Herrero. “Economía ecológica y economía feminista: un diálogo necesario”. Economía Feminista, desafíos, propuestas, alianzas. Ed. Cristina Carrasco Bengoa y Carmen Díaz Corral, Entrepueblos, 2017.
  2. M. Naredo. “La economía en evolución: Invento y configuración de la economía en los siglos XVIII y XIX y sus consecuencias actuales”. Revista d’història moderna, N. 22 (2004) p. 83-117. https://ddd.uab.cat/record/4786
  3. Pérez Orozco. “Espacios económicos de subversión feminista” en Cristina Carrasco Bengoa y Carmen Díaz Corral (ed.) Economía Feminista, desafíos, propuestas, alianzas. Entrepueblos, 2017.
  4. Watts, Al Chung-liang Huang. El camino del Tao. Kairós, 1976.

[1] Para una descripción sencilla de este patrón se puede consultar, por ejemplo, el libro de Juan Martín García. Ejercicios prácticos de dinámica de sistemas (2019).

[2] Para una argumentación detallada de todo ello se pueden consultar las publicaciones de nuestro grupo de investigación http://www.geeds.es

[3] La web de la Asociación Ibérica de Agricultura Regenerativa es un buen referente de la aplicación de este tipo de técnicas.  http://www.agriculturaregenerativa.es/

[4] Permítaseme el uso de esta palabra que se aplica en ocasiones a la dietética y a la medicina china.

Una respuesta a “Extender la noción de cuidados para huir del colapso

  1. Un saludo.
    Hago mención a lo dicho en “Nota sobre el texto”:
    Yo creo que el texto se entiende perfectamente y el rechazo de las revisoras de la revista feminista se debe a que lo que se dice en él trasciende y desborda en muchos aspectos la estructura mental e ideológica a la que han llegado (como mucho esfuerzo y sacrificio, seguramente). Si aceptan y publican como bueno el texto seguramente les obligue a repensar y cambiar algunas cosas que se daban por asentadas (mucha o pocas, no lo sé). Puede ser un incordio para el establishment de la revista y el grupo de gente que la sustenta.
    Lo mismo ocurrirá si se intenta que se tenga en cuenta en los programas económicos de los partidos de izquierda. Es un gran desafío ideológico y un auténtico peligro de pérdida de votos.
    Tanto unas y otros terminarán aceptando estos pensamientos cuando una mayoría considerable de sus seguidores empuje en esa dirección.
    Y para conseguir eso, este texto, y otros más que van en la misma línea, son enormemente útiles.
    Finalmente, en cuanto al texto en sí: impecable e irrefutable.
    Lo guardo como referente.
    Salud.

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