Comentarios al libro «Sobre el Nacionalismo Español» de Carlos Taibo escritos desde Valladolid

Estimado Carlos Taibo, hace unos días tuve el placer de volver a escucharte en una conferencia que impartiste en mi ciudad y allí pude comprar uno de tus libros: Sobre el nacionalismo español[1].  He decidido a contestarte a algunos aspectos puntuales de este ensayo, sin querer entrar en una réplica formal, ya que ésta necesitaría mucho más tiempo y conocimientos de los que dispongo. Lo hago porque creo que el nacionalismo, sin ser el problema más importante de este siglo, es uno de los factores que más puede empeorar nuestra reacción ante lo que sí es el gran reto: el choque contra los límites del planeta.  Por eso he creído interesante escribir mis reflexiones, esperando que lleguen a ti y aporten un punto de vista útil en este debate.

En general, coincido contigo en muchas de las reflexiones centrales del libro. Es una lástima que haya sido escrito hace unos años y no recoja el repentino florecimiento del nacionalismo español más reaccionario y ultramontano, ya que el libro se centra en el nacionalismo que defines como pragmático o liberal. Pero coincido contigo en que este nacionalismo español, aunque haya estado unas décadas escondido bajo esa capa de lo que llamas nacionalismo trivial, existe. Además, opera, claramente, como un cerrojo que pone la unidad por encima de la democracia y se basa en una normalización cultural que no considera como propias gran parte de la cultura, las lenguas y las identidades de los territorios a los que dice representar.

Pero hay una cosa en la que no coincido contigo y es algo que se repite, especialmente en los primeros capítulos del libro. Argumentas que el nacionalismo español no es muy diferente de otros en su afán de demostrar que la comunidad propia posee saludables virtudes, superiores a las del vecino. Y esa identidad  la materializas en el estereotipo castellano (aunque esto solo lo argumentas con una pincelada), diciendo que “el carácter nacional español se solapa con el castellano hasta el punto de que éste se convierte a menudo, sin más, en aquel”[2].

En estos dos puntos discrepo ampliamente contigo. Yo creo que el nacionalismo español no es un nacionalismo como los demás, precisamente porque no tiene una identidad que se crea dotada de valores superiores a los del vecino y porque no se basa en identificarse con lo castellano, sino más bien en lo contrario.

A raíz del Proçés catalán, sin embargo, sí es muy frecuente encontrar en los medios de comunicación y en los discursos políticos esos argumentos de superioridad de lo español frente al embate del nacionalismo catalán. Abunda el tópico del españolismo legal, constitucionalista e internacionalista frente al nacionalismo catalán localista, esencialista y medieval. Pero, a poco que una conozca este país, se da cuenta de que ese discurso de la pretendida superioridad moral de lo español no es más que una pátina superficial que no consigue esconder el sentimiento de fondo, más habitual, si cabe, en los habitantes de las regiones centrales que en los de las periféricas: un profundo sentimiento de inferioridad de lo central (atrasado, ultramontano y facha) frente a lo periférico (rico, liberal y europeo).

Y también creo que la identificación de lo español con el carácter castellano no es real. El españolismo se identifica con un estereotipo cultural central de origen madrileño que se llama castellano pero que, en su mayor parte, no lo es, porque, aunque se basa en su lengua, desconoce e ignora la realidad de las regiones que ahora siguen recibiendo el nombre de castellanas.

En el documental Folk, una mirada a la música tradicional, en el que varios intérpretes y estudiosos del folclore de Castilla y León hablan sobre la tradición, una de las ideas que se repite es el asombro de personas que empiezan a bucear en la tradición castellana y descubren formas musicales que les resultan tremendamente exóticas porque su imaginario cultural estaba más cerca de la tradición andaluza (¡o incluso gallega!) que de la del pueblo de sus padres. Por ello, una de las cosas que reivindican los participantes en el documental es descubrir la otredad de lo castellano, como elemento diferente de lo español y que en absoluto se solapa completamente con ello.

Reivindicar la idea de que Castilla no es solamente España y la castellana es una tradición cultural en diálogo con las del resto de las regiones españolas, es algo absolutamente revolucionario para nosotros (y yo creo, también, que enormemente sanador). Porque lo que queda del antiguo reino de Castilla en estas regiones despobladas del interior es un pueblo sin identidad que no sabe quién es porque no se ve a sí mismo. La vacía España central se mira en el espejo de Madrid, pero Madrid no mira hacia ella, ni siquiera como su territorio rural subordinado, y, desde la invención del estado de las Autonomías, todavía menos.

Entre los habitantes de Castilla y León abunda la sensación de que se nos ha robado, utilizado y manipulado la identidad y se siente un hartazgo enorme hacia la habitual identificación del nombre de Castilla con el centralismo y con todo aquello de lo que se quiere huir. Dejar de identificar a Castilla con el centralismo español y verla en su realidad actual es, además, un paso imprescindible para abordar el segundo gran problema territorial que tiene España después del problema catalán: el dramático y peligrosísimo despoblamiento del centro.

Por todo ello, creo que es equivocada esa visión que esbozas de que el nacionalismo español se basa, como otros, en la conciencia de una identidad castellana de valores superiores a los del resto. Más bien creo que el español es un caso curioso porque se basa, como dije anteriormente, en lo contrario: en la creencia de que los valores propios son inferiores a los de los pueblos vecinos y en huir de su propio centro.

Eso explica que sea un nacionalismo tan ultramontano, tan intolerante y tan incapaz de crear lo que José Luis García Villacañas llama un poder constituyente. Explica que, como denuncias en tu ensayo, se aferre con uñas y dientes a cosas como la Constitución del 78 y la Monarquía con tal de no abrir el cerrojo de la unidad. Porque el nacionalismo español no surge de una explosión de energía colectiva constituyente que lo defina como pueblo. Ni tiene una revolución popular como el francés, ni un proceso de independencia como el irlandés ni una reunificación como el italiano o el griego. Yo creo que la nación española surge, curiosamente, no de una explosión sino de una implosión: el colapso del reino de Castilla.

España surge cuando la corona de los Austrias se desmorona y el centro peninsular, que hasta el momento había sido la región más poblada y poderosa, se hunde y la población huye a la costa y a Madrid. Esta idea de la huida de la decadencia y el horror del reino colapsado está presente en el discurso de los ilustrados y se repite hasta el siglo XX, siendo base de buena parte del discurso nacionalista catalán y gallego (y, menos, del vasco).

Como respuesta a esta idea “fundacional” de huida de  Castilla surge el nacionalismo español ultramontano y resentido que intenta salvar el nombre del imperio frente a la maledicencia –dicen—de los extranjeros, los ilustrados, los separatistas y los enemigos de España. Pero no debemos obviar que este nacionalismo ultramontano es una respuesta despechada que sólo es reflejo de la otra idea, una idea anterior y mucho más arraigada en la mentalidad colectiva española y, además, en todo el espectro político.

Con ello no quiero decir que el nacionalismo español ultramontano esté causado por los ataques de los nacionalistas periféricos, ya que la idea de que los valores propios son inferiores a los ajenos y es necesario huir de la decadencia castellana es mayor, incluso, entre los propios habitantes del centro que en el nacionalismo periférico. La actitud despechada y violenta del nacionalismo español ultramontano evidencia que incluso su mentalidad tiene fuertemente arraigado ese complejo de inferioridad. Evidencia que  no queremos ser lo que somos ni recordar el infausto nombre donde se condensa toda la decrepitud del pasado mal digerido: Castilla.

Por eso el nacionalismo español, incluso el que intenta ser moderado, pone un cerrojo tan tajante y es incapaz de asumir siquiera que se pueda hablar de que Cataluña se independice.  El nacionalismo español sufre verdaderos horrores de pensar que las dos joyas de la corona, Cataluña y Euskadi, puedan independizarse. Porque sin ellas, piensa, se iría lo mejor de lo que somos. No de lo que son, sino de lo que somos.

El nacionalismo español, curiosamente, aunque se basa en la lengua castellana e ignora las culturas periféricas, se apoya en todo lo bueno que la periferia tiene para huir de su propio agujero interior. Necesita a la periferia para no sentirse un pueblo atrasado, fascistoide, ignorante y rancio. El españolismo no se basa en la identidad castellana porque Madrid no es la capital de Castilla y huye de serlo. Madrid, es más andaluza, catalana, vasca y gallega que castellana y no soporta que la independencia le robe su identidad, porque no tiene un territorio que la nutra de otra identidad cultural, y el que tiene alrededor, no lo quiere.

En contra de lo que argumentas en tu ensayo, creo que sí tiene mucho de verdad eso de que Madrid “no (está) contaminada, al parecer, por virus localista alguno”. Desgraciadamente, Madrid no tiene arraigo en lo local y esa es buena parte del problema. Bien es cierto que lo que Madrid desea es una periferia domesticada, que no habla lenguas raras ni quiere independizarse: una Cataluña de Arrimadas y una Galicia de Fraga, pero bien conectadas con el AVE de forma que no haya que hacer escalas en ninguna atrasada ciudad interior de provincias.

Creo que, al igual que las personas, los pueblos necesitan tener una identidad y el nacionalismo es esa identidad colectiva. No sé cuáles son los mecanismos que forman la identidad de los pueblos pero lo que sí sé es que existen identidades saludables e identidades enfermas. Me temo que no se le puede pedir a los pueblos no sean nacionalistas igual que no se le puede pedir a una persona que no tenga ego, pero sí se puede aspirar a que tengan identidades sanas, capaces de evolucionar y de relacionarse con las demás.

El nacionalismo español es como una de estas personas que no tienen autoestima ni una imagen positiva de sí mismas y, por ello, hablan con bravuconadas y menosprecian a quienes encuentran en su camino. El problema del nacionalismo español no es que crea que su cultura y sus valores son mejores que los de los vecinos. El problema es más complejo y se debe a que la identidad colectiva española tiene muchas zonas oscuras donde no quiere (queremos) mirar y eso la hace tan destructiva como autodestructiva.

Por eso siempre he pensado que el problema territorial español no se va a solucionar desde Cataluña ni desde Euskadi ni desde Madrid: solo se puede solucionar volviendo la mirada hacia ese oscuro centro al que nadie quiere mirar. Yo, que después de 32 años en Valladolid he aprendido a soportar con resignación todos los tópicos que se acumulan sobre esta ciudad de la que todo el mundo huye porque hasta los de León no quieren ser Castilla  y es el verdadero epicentro de la leyenda negra, ya estoy curada de espanto y creo que es el momento de empezar a mirar dentro del saco de los horrores de la identidad castellana para hacer limpieza. Porque si ese oscuro centro no se ilumina con la lucidez de nuestras reflexiones, el espacio quedará vacío y tomarán posesión de él los que ahora están aliviando el resentido ego castellano con soflamas ultraderechistas llenas de victimismo.

Así pues, Carlos, te invito a que eches un vistazo a la identidad castellana con más detenimiento, porque creo que el discurso sobre el problema territorial español queda cojo sin ella. Y el hecho de que la demografía de estas regiones sea tan baja y todo lo relacionado con lo castellano haya estado rodeado de un cierto prurito para los intelectuales de izquierda no ayuda a que seamos capaces de analizarlo con frialdad que necesitan los problemas.

Ahora que hablamos del más que probable colapso de la sociedad occidental no estaría de más que nos diéramos cuenta de que la sociedad en la que vivimos es heredera de una que sufrió un colapso y no fue especialmente inteligente a la hora de superarlo. Nuestra historia es especialmente complicada, pero también especialmente valiosa si sabemos extraer de ella la enseñanza de su experiencia. Esperemos que, ante este nuevo colapso, no repitamos los errores del pasado: aferrarnos a los oropeles mientras la base social se hunde, volcarnos hacia la conquista exterior, intentar poner fronteras nacionalistas que nos libren de la decrepitud del colapso en lugar de resolver los problemas de base, dar lugar a movimientos fascistas por el orgullo herido incapaz de asumir el duelo de la derrota… Esperemos que nuestra valiosa y tortuosa historia común nos sirva para colapsar un poquito menos mal esta vez.

 

[1] Sobre el nacionalismo español. Ed. Catarata 2014.

[2] Pag .42.

7 Respuestas a “Comentarios al libro «Sobre el Nacionalismo Español» de Carlos Taibo escritos desde Valladolid

  1. ¡¡¡Es preciosa tu nota, Margarita!!!

    Valiente y lúcida; creativa en lo que deduce de la reflexión, tiene ese destello, ese punto de fraternidad y de emoción que, al menos a mí, siempre me ha resultado indispensable, especialmente en estos tiempos.

    Hace muchos años ya, Diego, un amigo a quien también le duelen los asuntos de estas tierras, me dio a conocer una frase conmovedora que seguro jamás olvidaré: ¡yo no tengo patria, porque todos los hombres del mundo son mis hermanos!

    ¿No resulta esperanzador creer que, algún día, otros hombres y otras mujeres creerán, a su vez, en este enunciado como parte principal de su natural condición?

    Un cariñoso saludo.
    Sergio.

    Me gusta

  2. Pues muchas gracias, Marga. Me quedo con ganas de leer más tuyo para profundizar en lo que dices. A partir de Gerald Brenan (1942, Laberinto Español) se entiende bien lo que te leo; y también veo los paisajes erosionados, las llanuras deforestadas, el relieve quebrado, el clima estepario. ¿En alguna entrada tuya detallaste más el colapso castellano que marcó su historia e identidad? Besos

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.