Diario de un viaje en bicicleta (eléctrica) por la España Vacía

Es difícil encontrar algo mejor que las vacaciones. Tener la posibilidad de descansar unos días al año y emplearlos en viajar en una de las mejores cosas que nos ha traído el siglo XX y la civilización tecnológica. ¿Qué hacemos si se nos acaba el petróleo y no podemos ya permitirnos viajar en aviones low cost, o, incluso, coger el coche para ir de turismo rural? Duele pensar que el pico del petróleo nos pueda dejar sin esos maravillosos días de viaje que nos llenan de aire nuevo y nos recargan las pilas para todo el año. ¿Podremos buscar otra forma de viajar? ¿Hay alternativas decrecentistas para un turismo de baja energía?

20180818_173346

Podemos probar y experimentar, por ejemplo…con la bicicleta. Porque, si a la bicicleta tradicional se le acopla un motor eléctrico y una batería, nos encontramos con un artilugio con un enorme poder adictivo, uno de los inventos más endiablados del siglo XXI: la bici eléctrica. La bicicleta eléctrica permite disfrutar de los placeres del cicloturismo a personas que, como yo, no somos deportistas ni tenemos tiempo para entrenarnos durante todo el año. Permite que una se atreva a salir por paisajes montañosos, mucho más interesantes que las llanuras. Permite dejar atrás la ciudad y sus degradados alrededores sin tener que usar el coche. Porque el secreto de la bici eléctrica es que siempre viaja por el llano: de las cuestas se encarga el motor.

Este verano he decidido probar por mí misma si esto del cicloturismo eléctrico es un buen invento haciendo una travesía larga:  310 Km de Valladolid al Alto Tajo y otros 60 de vuelta por Soria utilizando el bus. El resultado me ha parecido, francamente, espectacular. La comodidad que pierdes por no tener un rápido coche se compensa enseguida por todo lo que te da la bicicleta. La sensación de estar dentro de la naturaleza y disfrutar del paisaje de la bici es muy superior a la experiencia de viajar dentro de un coche o un tren.

La bicicleta eléctrica tiene un consumo energético y una batería 100 veces menor que la de un coche eléctrico. Son consumos muy bajos que ya pueden ser una alternativa a considerar para un mundo de baja energía. No sé si en un futuro podremos disfrutar de las baterías de litio y las carreteras, que también son necesarias para ello; pero, si conseguimos hacerlo, creo que no vamos a tener nada que envidiar al turismo actual. Acabo de comprobar que contamos con una forma apasionante de viajar con 100 menos recursos y energía que la actual ¡no suena nada mal!

Porque el turismo rural al uso consiste en salir de la ciudad en coche, desplazarse unos cientos de kilómetros hasta la zona a visitar, alojarse en una casa rural, coger de nuevo el coche para llegar a lugares o pueblos pintorescos, pasear unos minutos por ellos, montarse de nuevo el coche para ir a comer en los restaurantes típicos…. Al final, el turismo rural consiste en pasar muchas horas en el coche, muchas más que en el campo. Más que turismo rural es turismo de coche. No es mal plan para ver muchos lugares, pero no te permite vivirlos. El coche va demasiado deprisa y, aunque queremos estar de vacaciones y dejar las prisas atrás, el hecho de poder ver tantos sitios te hace caer en la tentación de querer de verlo todo y te vuelve a encadenar a las prisas, igual que en el trabajo.

La bicicleta tiene sus limitaciones. Va lenta, hay que tomársela con calma porque no tiene otra opción, hay que soportar los baches de la calzada, el calorazo, el viento. Aunque la bici sea eléctrica hay que pedalear y requiere su esfuerzo subir y también bajar (sin romperse la cabeza). Pero, precisamente por eso, porque viajas pocos kilómetros, los vives profundamente. La bicicleta te mete de lleno en el paisaje. El paisaje no sólo se ve: se huele, se oye, se siente. El aire, el sol, la sombra, los aromas, los grillos, los pájaros, los buitres, el frío de la montaña, los metros de subida y bajada… En bici no sólo se conoce el lugar pintoresco que sale en las guías, también se conoce lo áspero y seco que es el páramo que conduce a él, lo frescos que son los encinares por los que pasa la carretera y lo sobrecogedor que es viajar por el cordel de la montaña. En bici te desnudas para poder sentir el paisaje… ¡y es que no se puede hacer el amor con el paisaje vestido con el duro traje de metal del coche!

Viajar por la España Vacía tiene la ventaja de que sus carreteras están también vacías, lo que las hace bastante seguras. Así que decidí ir desde mi casa al Alto Tajo travesando parte de Valladolid, Segovia y Guadalajara. Llené las alforjas, busqué un buen mapa… y marché sola por las carreteras solitarias. ¿Por qué sola? Porque quería pensar y descansar, la soledad era necesaria. Además, he llegado a una edad en la que no puedo esperar mucho para hacer las cosas que siempre he querido hacer: si espero unos años hasta encontrar compañeros de cicloturismo es probable que, cuando los encuentre, ya no tenga edad para hacer estas cosas.

Mujer sola por la carretera, mujer sola en el monte…. La frase que más he escuchado estos días en boca de las personas con las que he hablado ha sido: “¿vas sola? ¡que valiente!” Estoy segura de que si hubieran sido un hombre a nadie se le hubiera ocurrido pensar que es muy valiente por ir solo. ¿Por qué una mujer sola es tan valiente? en fin… lo sabemos, no hemos nacido ayer.

20180826_114634_resized.jpg

¿Cuántos años pasarán hasta que las mujeres no tengamos que oír eso de “no vayas sola”? ¿Por qué nos está vedada la soledad, el campo y la naturaleza? Yo no me siento muy valiente, la verdad, sólo soy una mujer con cierta edad y ya muy cansada. Siempre me ha gustado enormemente disfrutar del campo y en muchísimas ocasiones he renunciado a ello por no tener el compañero o el grupo de amigos con quién hacerlo. Pero, un día, el deseo fue más fuerte que el miedo y me marche sola (por el Camino de Santiago, por cierto). Me di cuenta de que no tenía sensación de peligro en los parajes solitarios y apartados. Como me decía otra solitaria excursionista navarra que conocí hace unos años: los violadores no van a buscar mujeres en mitad del páramo sino a la puerta de la discoteca. De hecho, las zonas donde yo ahora mismo suelo tener sensación de peligro no son los parajes solitarios ni los campos, sino los alrededores de ciudades y pueblos, las zonas de transición.  En fin, todo en la vida tiene sus riesgos y algunas veces merece la pena asumirlos. No queda más remedio que afinar bien el instinto, huir de las situaciones de peligro y ….lanzarse a disfrutar de la preciosa sensación de sentirse una con el paisaje.

17 de agosto 2018. Valladolid – San Miguel de Bernuy

Atravieso la ciudad tranquila, vacía por vacaciones. Saludo al Pisuerga en el Puente de Poniente. Tomo la carretera de Soria y me lleva unos kilómetros dejar las zonas donde la presencia de la ciudad se nota en las naves industriales, los tendidos eléctricos, los montones de escombros…. A la altura de Tudela de Duero ya se va sintiendo el campo. Tudela de Duero está en fiestas, la atravieso por su Calle Mayor y hago una breve parada antes de cruzar el puente para saludar al Duero, segundo río del camino.

20180817_113004_resized 1Tudela de Duero

Salgo hacia Traspinedo y en el camino me encuentro con un enorme Monumento a la Burbuja Inmobiliaria (de los muchos que tiene este país por toda su geografía):  el polígono industrial Tuduero. Naves vacías, farolas y calles asfaltadas nunca usadas y ya cubiertas de vegetación. Entro en algunas de las naves abandonadas que se han convertido en paraísos de los grafiteros. Por suerte este polígono no fue una inversión pública, pero duele tanto hormigón desperdiciado y unas buenas hectáreas de huerta perdidas.

20180817_115749_resized 1Tuduero

20180817_115546_resized 1Tuduero

Sigo por Traspinedo, Santibañez de Valcorba, el arroyo Valcorba y el arroyo de Cogeces, el valle se va estrechando. Campos plácidos de cereal flanqueados por los cerros cubiertos de pinar. En la desviación hacia Montemayor aparece el Pico de la Frente, donde hay restos de un castro de la Edad de Bronce

20180817_130323_resized 1Valle de Valcorba, Pico de la Frente

El valle acaba en una subida fuerte hasta el páramo donde está Cogeces del Monte. Visito a mis viejos amigos Julia y Titín que viven allí, tomamos unas cañas y paso las peores horas de sol en la terraza de un bar. Cogeces siempre ha sido un pueblo bailarín, con su plaza mayor arbolada y su templete decimonónico. Todavía hoy es un pueblo con una gran vida cultural.

20180817_151602_resized 1Cogeces del Monte

Salgo de Cogeces y me esperan diez kilómetros de páramo entre Cogeces y Campaspero. Campo áspero este del páramo cerealista puro y duro. Paisaje sugerente para las fotos, donde el protagonista es el cielo en todo su esplendor, pero muy cansino para el ánimo. Después de dos kilómetros de este llano absoluto una ya no sabe qué hacer con el mismo cielo repetido hasta la saciedad y la mente se cansa infinitamente de la llanura tan pobre de vida

20180817_154423 1Campaspero

Sin embargo, al entrar en Campaspero, llama la atención no encontrarlo áspero y triste como su paisaje. Campaspero tiene una agradable plaza arbolada con templete decimonónimo, muy similar a la de Cogeces.

20180817_160211_resized 1Campaspero

Giro hacia el sur para tierras segovianas. Olombrada parece más deprimido que Campaspero. Cuando los pueblos del cereal empiezan a vaciarse no se llenan ni en verano, no tienen paisajes bonitos que atraigan a los veraneantes.

20180817_163714_resized 1Olombrada

Camino de Fuentidueña ya se nota el cansancio, el recorrido es muy llano pero el viento sopla fuerte en contra. Parada en Fuentesauco de Fuentidueña que tiene una fuente y un sauco y también un lavadero bien conservado. El pueblo ha hecho un esfuerzo por conservar su patrimonio. Se ven carteles que explican su fuente, su lavadero, la casa del último herrero del pueblo…

El páramo se empieza a romper en estrechos valles y Fuentidueña aparece entre dos cerros con su espectacular muralla envolviendo el castillo y el pueblo. La bajada a Fuentidueña es de espanto, tiene una carretera mal peraltada que me hace sudar para mantener el equilibrio. Ya se acumula el cansancio y no entro en el pueblo. Me parece que lo voy a lamentar, pero es lo que tiene la bici, entrar en Fuentidueña suponía un par de cuestas extra y a veces tienes que elegir entre hacer caso a tus piernas o a tu cabeza.

 

20180817_180721Fuentidueña

Estamos en tierras segovianas, en las antaño orgullosas comunidades de Villa y Tierra. Estas comunidades fueron creadas para favorecer la repoblación castellana y poseian una jurisdicción especial y una gran autonomía. Las villas dependían únicamente del Rey y los vecinos elegían anualmente a sus propias autoridades, las cuales ejercían todas las competencias gubernativas, judiciales, económicas y aún militares.Fueron villas y pueblos donde se frenó por unos siglos el avance del feudalismo y se disfrutó de una democracia que, probablemente, está muy por encima de lo que ahora llamamos así. Las Comunidades de Villa y Tierra me van a acompañar todo el camino hasta el Alto Tajo por las villas de Sepúlveda, Ayllón, Atienza, Medinaceli y Molina de Aragón.

20180818_101159_resized

Un último tramo de carretera entre cerros calizos y valles estrechos. Alegres sembrados de girasol que contrastan con los ocres del resto del paisaje. Son ya 86 km, de llano, pero con un fuerte viento que ha hecho que usara bastante al motor. Muy cansada de resistir el viento en contra, ahora voy gastando alegremente la batería a la que todavía le queda un cuarto de carga.

Llego a San Miguel de Bernuy, aquí el Duratón embalsado crea unas preciosas zonas de baño entre cañones calizos donde operan varias empresas de alquiler de canoas. Al lado del pueblo se ha habilitado una pequeña playa en el río.

20180818_094606_resized 1San Miguel de Bernuy

Baño en el Duratón, corto paseo por el desfiladero, cena de bocadillo y cama en un hostal (lo de ir con la bici y acampar en medio del monte es de cicloturistas demasiado avanzados para mí). Antes de dormir toca lavar la camiseta, los calcetines, la ropa interior…. mi vida dentro de unas alforjas. Mañana dejamos el llano.

18 de agosto. San Miguel de Bernuy – Grado de Pico

El segundo día es de enormes contrastes y completamente agotador. Es el que plantea más incertidumbres porque debo pasar las montañas del sistema central (o más bien rodearlas) y no sé muy bien cómo es el camino. Es una etapa larga porque no he encontrado alojamiento más cercano y salgo de las tierras segovianas intentando no usar la batería y sufriendo un poco en estas tierras, llanas… pero no del todo.

Preciosos paisajes los del Duratón. Unos paisanos me recomiendan ir por Valle de Tabladillo y se lo agradezco. Es un valle estrecho cortado entre las calizas, abajo las frescas huertas cultivadas con mimo, arriba los pastos de oveja entre rocas. Este paisaje me resulta enormemente familiar, es el paisaje de Burgos, el de las Loras y Peña Amaya (aunque de alturas más modestas), el paisaje de mi niñez.

20180818_103713_resized 1Valle de Tabladillo

En la subida al páramo un grupo de buitres pasa silenciosamente muy cerca de mi cabeza. Apenas dos metros entre los buitres y yo, me tapa su enorme sombra.

Al dejar el valle, en la carretera entre Urueñas y Sepulveda, ya se ven las montañas. Guadarrama, Somosiella, Ayllón a la izquierda. Empiezo a inquietarme… ¿por dónde voy a cruzar tanta montaña? Asusta ver esas alturas y pensar en cruzarlas con una frágil bicicleta.

20180818_113315_resized 1Urueñas

Paso por Sepúlveda, sin parar. El camino sigue por todo lo alto del pueblo, cuestas que ponen a prueba tanto a la bici como a mis piernas. Sigo por la carretera paralela al Duratón que ya no lleva casi agua una vez acabado el embalse y empezados los regadíos. Paisaje plácido de amarillos y verdes. Duratón, Alameda… y una preciosa sorpresa en el pueblo de Sotillo: la bella y sencilla ermita románica de Santa María de la Natividad.

20180818_132722(1) 1Sotillo

Paro a comer en el jardincillo que hay al lado de la iglesia para poder contemplar con calma su preciosa puerta lateral. Me encanta el equilibrio y la sencillez de sus líneas y ese aire fresco de las formas onduladas, las flores, los lóbulos… Parecería un diseño de casa hippie de nuestros días si no fuera por la perfección de sus proporciones, cosa en la que no hemos sabido imitar a los maestros de la antigüedad.

El románico, con su belleza sencilla y alegre, mi arte preferido. No sé si fue la libertad de las comunidades de Villa y Tierra, pero en estas tierras castellanas no se ha hecho un arte que transmitiera más alegría de vivir que éste de las iglesias románicas. No todo en la Edad Media debió de ser tan oscuro como nos cuentan. ¿Qué paso después para que se perdiera esa capacidad para hacer edificios integrados perfectamente en el paisaje, armoniosos y con esos volúmenes tan bellos?

20180818_133108_resized.jpgSanta María de la Natividad, Sotillo.

Sigo por Duruelo y Cerezo de Abajo. Antes de cruzar la autovía N1, en Cerezo de Abajo, recargo un poco la batería en un bar lleno de gente joven tomando el vermú (fiestas en todos los pueblos). Dos cañas y casi tres cuartos de hora que permiten cargar un cuarto de batería. Ese poco de batería va a ser crucial en esta etapa, porque llegaré con ella vacía a Grado de Pico.

La subida a Riaza es una de las peores partes del día, además son las tres de la tarde y hace bastante calor. Carretera nacional, con tráfico pero con un amplio arcén que la hace bastante segura. Subida constante y larga, tirando de batería. Aparecen los primeros robles en dehesas.

20180818_154817_resized.jpgRiaza

El Sistema Central sigue pareciendo amenazador, no se ve todavía el final de la Sierra de Ayllón. Cerca de Riaza aparecen las ubanizaciones de veraneantes,  expansiones de Madrid.

Sigo hacia Ribota y ya se empieza a ver el final de la Sierra de Ayllón, es un alivio. No la veía porque estaba más allá de donde alcanzaba mi vista desde Ciruelos. Ya se ve que las montañas dejan un paso relativamente llano hacia el sur rodeando la Sierra de Ayllón.

20180818_170936_resized.jpgRibota

Ribota, Valviejo y Francos. Voy hacia el este por una preciosa carretera con espesos bosques de roble melojo, paisaje ondulado y campos de cereal…pero que empieza a tener un firme muy malo. Los campos y las casas tienen las tierras rojas de Ayllón y un aire de meseta sur, más alegre y abierto que el del Duratón. Casi todos están en fiestas.

Avanzo lentamente por estas carreteras dejadas de la mano de la Junta de Castilla y León siguiendo el rio Aguisejo, que nace en Grado de Pico, el pueblo donde voy a dormir. Estebanvela, Santibañez de Ayllón….muy bonito el paisaje del valle con la carretera justo al lado del río, pero el pavimento empeora.

A lo lejos se ve el Pico. Es una montaña muy característica, casi cónica y descubierta de vegetación, pura piedra blanca. Creo haberla visto desde el lado norte de las montañas en Riaza. Tiene que ser el pico de Grado del Pico. Pero parece que nunca llego a él. Empieza a caer la tarde, el cansancio es enorme. A pesar de que el paisaje es precioso he dejado de hacer fotos. La carretera es un conjunto de baches por el que hasta los coches van a 20 por hora. Y encima empezamos a subir. La batería está en su último cuarto, llevo casi 90 kilómetros encima. Empiezo a pensar que estoy a punto de tener calambres en las piernas. El pico se sigue viendo, pero el pueblo no aparece, y no aparece y no aparece…el display de la batería dice que está vacía. Al borde de la desesperación llego al alto y veo el pueblo justo al lado. Grado de pico…¡por fin!

20180819_113559 1Grado de Pico

Curiosamente el Pico no es una montaña cónica, desde el sur se ve que es un estrecho cerro. En Grado de Pico son fiestas, un pueblo agradable lleno de gente en las calles. La casa rural donde me alojo está en una plaza con una preciosa fuente. ¡Qué ganas de bañarme si no fuera porque está todo el pueblo mirando! Me dicen que una excursión interesante que lleva al nacimiento del Aguisejo y a una poza, la Senda de los Caracoles, también debe de ser interesante la subida al pico, a donde veo subir a muchos paisanos. Pero no estoy para excursiones extra. Hay sido 97 Km, muchos de ellos cuesta arriba, con mal pavimento, ahorrando batería… Creo que hoy me he pasado. Prometo no volver a hacer barbaridades como esta. Los 97 Km están por encima de mis posibilidades, incluso con bicicleta eléctrica. Me merezco una cena caliente.

20180819_113253 1Grado de Pico

19 de agosto. Grado de Pico- Sigüenza.

Me levanto tarde y con dolor de cabeza. La verbena de las fiestas ha estado tocando hasta las tantas de la madrugada no muy lejos de mi habitación. Me tomo el día con calma y salgo tarde, la siguiente etapa es larga pero ya ha pasado lo peor.

Visita corta al nacimiento del Aguisejo que no está lejos del pueblo y salida hacia el este. Después de un tramo de subida y llego al alto y al límite provincial. La carretera mejora súbitamente al pasar a Guadalajara y aparecen los molinos.

20180819_114426_resized 1Sierra de la Pela

Es difícil explicar la sensación que produce ver de cerca a estos gigantes. Las fotos no les hacen justicia porque falta lo más impresionante: el sonido. El ruido del viento contra las aspas es sobrecogedor, estoy a 1420 metros y el zumbido del aire empujando las aspas hace parecer a los molinos gigantes que hablan, señores del viento. Si… ya lo sé, los molinos tienen un impacto sobre el paisaje, necesitan horribles pistas de acceso, a veces afectan a la aves…pero a mi me resultan preciosos (al menos estos) ahí, en la montaña, peinando el viento.

La etapa que sigue es la más bonita del viaje. Estoy en el cordal de la Sierra de la Pela, una sierra que aparece detrás de Ayllón y pertenece a un conjunto de montes “despistados” que corre de este a oeste pero no pertenece a la bien marcada línea de sierras del Sistema Central. Al Sur se ven otras sierras paralelas deben de ser la Sierra de Robleda y la de Alto Rey cubiertas de bosques espesos. No tenía ni idea de que aquí había tanta montaña.

20180819_141255 1Sierra de la Pela

En Campisábalos encuentro otra iglesia románica con un precioso abside ¡y la misma forma lobulada en la puerta de Santa María de la Natividad! Parece que el cantero que construyó esta iglesia, o fue el mismo, o se inspiró en la de Sotillo. Esta está más decorada, pero me gusta más la sencillez y la gracia de la iglesia de Sotillo.

20180819_123307 1Campisábalos

Sigo hacia el este y en Arroyomolinos las montañas de roca caliza dejan paso al Río del Manadero, un cartel anuncia una pequeña excursión al nacimiento del río pero está demasiado lejos. Me quedo en la Fuente de las Canalejas, donde me mojo de los pies a la cabeza, ropa incluída, para soportar el calor de las horas centrales del día.

Al lado de Arroyomolinos está el acceso a la Laguna de Somolinos, tampoco consigo verla porque su acceso no está bien señalizado. Hay una casa rural que cierra el paso a la laguna y está en una preciosa parcela por donde pasa el río, llena de grandes árboles y frescas huertas. Apunto para la próxima visita, este lugar tiene muchas cosas interesantes.

20180819_132911_resized 1Fuente de las Canalejas

Me han recomendado que visite la ermita templaria de Albendiego y hago unos cuantos kilómetros de más para verla. Merece la pena, a pesar de que tengo que preguntar varias veces al “GPS paisano” para encontrarla (sigo siendo tan antigua de no llevar  GPS en el móvil y tampoco sirven de mucho en estos lugares sin cobertura, pero el preguntar al paisanaje nunca falla).

20180819_144558_resized 1Albendiego, Santa Coloma

Santa Coloma parece una sencilla ermita de frente, pero su abside es exuberante. La decoración de las ventanas tiene un aire grandioso y filigranas mudéjares, muy diferente de la sencillez romática de las Iglesias de la zona. Se ven estrellas de seis puntas con la rosa en el centro, el emblema de los rosacruces (pero con estrella de seis puntas en lugar de cinco).

20180819_144436_resized 1Santa Coloma

Al poco de dejar Albendiego empieza la bajada por una carretera que avanza por zonas cada vez más áridas. A lo lejos, en la línea del horizonte, se distingue una curiosa forma que solo puede deberse a una ciudad. Debe de ser Atienza, pero estamos a más de 15 kilómetros de ella. Resulta divertido irse acercando poco a poco y comprobar que, efectivamente, es el Castillo de Atienza lo que se ve en el horizonte, dominando un amplísimo territorio.

20180819_152912_resized 1Atienza

Hago uso de la batería para subir las empidadas cuestas de Atienza y llego a una plaza llena de terrazas y puestos de mercadillo donde me espera una sorpresa. Al entrar en la plaza, empujando la bicicleta carga de alforjas, una chica que está sentado en una de las terrazas me dice: ¿no habrás sido capaz de subir hasta aquí en bici? ¡Te merece una caña por eso!

Le explico que tiene truco, que es eléctrica, pero también que vengo desde Valladolid…etc. Y cae la caña de invitación. La caña y otra más en hora y media de charla con ella y su amigo de Madrid y otras dos amigas más que viven en el pueblo. Divertida conversación entre desconocidos.

20180819_174449_resized 1Atienza

El fin de la etapa está en Sigüenza. Queda un tranquilo camino por el llano, sin apremios de batería. Campos de cereal salpicados de encinas. Colinas suaves sin la rectitud de los cerros de la meseta norte.

20180819_182249_resized 1

20180819_190704_resized 1

Ya quedan muy pocos kilómetros pero hago un alto. ¿Por qué tanta prisa? Estoy cansada pero hoy sólo han sido 70 kilómetros. Puedo permitirme un ratito de descanso viendo la Fuente de Imón o  el atardecer sobre los campos amarillos.

20180819_184834_resized 1Imón

20180819_194457_resized 1

 

La llegada a Sigüenza es sorprendente. La ciudad aparece de repente después de una subida por la carretera nacional con bastante tráfico. Es una lástima que no pueda parar en ningún sitio y hacer foto porque la vista es espetacular. Un enorme castillo y una enorme catedral dominan el casco urbano.

Siguenza es lo más parecido a una ciudad que he visto en lo que llevo de viaje. Hay tráfico, mucha gente en la calle, comercio, está en fiestas. Habitación en albergue, cena rápida y a la cama pronto. El día ha sido bonito y largo, el cansancio se empieza a acumular.20180820_082548_resized 1Sigüenza

20 de Agosto. Sigüenza – Olmeda de Cobeta.

Despierto temprano y voy a dar una vuelta por Sigüenza. La ciudad está todavía dormida después de la fiesta de ayer. El enorme castillo, las calles empinadas de casas de piedra, el paseo de la Alameda y la preciosa plaza de la catedral. Sigüenza, que llegó a tener una Universidad, es una de esas ciudades castellanas que en su día fueron pujantes centros de comercio y cultura y ahora están casi olvidades en medio de los campos.

Voy a Alcolea del Pinar por la carretera general. En Alcolea tiro hacia el sur: Luzaga, Saelices de la Sal, Huertahernando… El paisaje se va haciendo cada vez más duro. Los campos de cereal van dejando paso a las crestas calizas. Las encinas van siendo sustituidas por las sabinas.

20180820_112739_resized.jpg

20180820_112905_resized 1

20180820_123227_resized 1

Un cartel avisa de que he llegado al parquet natural del Alto Tajo, no hay pueblos ni apenas signos de vida humana. La carretera se llena de baches, el calor del día arrecia, en teoría quedan pocos kilómetros pero no acaba de aparecer el siguiente pueblo del mapa que es Huertahernando.

Huertahernando aparece en lo alto, después de una larga y dura subida (después me daré cuenta de que este tipo de subidas son habituales en la zona). A pesar de su nombre está en lo alto. En esta zona las pocas tierras de labranza que hay se sacan de los lugares más insospechados.

20180824_190417_resized

Allí hago bien en preguntar a los paisanos si queda mucho para Olmeda de Cobeta y si hay bar en el pueblo donde pueda cargar la batería. Todavía quedan kilometros, que se hacen duros en esta tierra de malas carreteras y empinadas cuestas.

Cervecita y carga de batería en el bar del pueblo, lleno de veraneantes que toman el vermú y charlan entre ellos Todos se conocen. Los pueblos en verano son una especie de club de vacaciones donde muy pocos trabaja, un lugar ideal para pasar el tiempo y estar tranquilo. Me pregunto cómo sería la vida en los pueblos en verano cuando sus habitants vivían realmente del campo. Imagino que habría reuniones, charlas y vida en las calles, pero marcadas por el trabajo, muy diferentes a las de ahora.

20180821_171458_resized 1

Últimos kilómetros que se hacen largos hasta llegar a Olmeda de Cobeta. El sabinar es agrio en esta zona, la tierra es apenas un puñado de piedras, el aire está seco en la tierra de las sabinas. Olmeda, sin embargo es un precioso pueblo de casas de piedra colgado entre los montes.

Los pueblos de la zona tienen un marcado carácter castellano, es más, yo diría que burgalés, con sus casas de piedra bien ordenadas, sus iglesias sobrias, sus ventanas pequeñas. También el paisaje de toda esta zona de Guadalajara recuerda mucho al de Burgos (aunque con tierras rojas). No es extraño, esta es una zona de repobladores. Los burgaleses y sorianos que se llegaron aquí sólo conquistaron aldeas, los musulmanes apenas se asentaron en ella.

20180825_205119_resized 1Olmeda de Cobeta

Una se pregunta cómo es posible que nuestros antepasados pudieran vivir en semejantes lugares y extraer su sustento de ellos. Y también cómo, a pesar de la precariedad de sus vidas, se podían permitir el lujo de hacer cosas bellas como este pueblo con sus casas de piedra perfectamente enclavadas en el paisaje. ¿Cómo es posible, también, que nosotros, viviendo en la cima de la bonanza fósil, no seamos capaces de hacer más que feas urbanizaciones que estropean los paisajes porque “no puede uno andar perdiendo dinero con la estética”?

Fin de trayecto, he llegado a la casa en la que estaré descansando unos días. La casa rural Don Rosendo es una cómoda y enorme casa de piedra que construyó su dueño, Andrés Mena, con sus propias manos y la ayuda de algunos albañiles. Los grandes bloques de piedra de las esquinas  y el precioso mirador fueron hechos a mano, por este hombre que todavía conserva mucho de la dureza (¡ y cabezonería!) de sus antepasados.

20180826_091126_resized.jpgCasa rural Don Rosendo

 

En Olmeda de Cobeta estoy unos días descansando. Algunos de ellos sin salir con la bici y otros saliendo en excursiones cortas. La verdad es que esto de la bici tiene su punto frustrante,  porque me he dejado muchas cosas interesantes del Alto Tajo sin ver. Es lo que tiene la bici y el ir despacio, no se puede tener todo.

Pero algunas cosas muy interesantes y bonitas sí consigo ver cerca de Olmeda de Cobeta. En la carretera entre Olmeda de Cobeta y Cobeta, cerca del kilómetro 20, hay una curiosa construcción que todavía se mantiene en pie. Es un chozón sabinero, una construcción usada para el ganado que conserva la estructura de las antiguas casas celtíberas, usando un árbol vivo en su centro como pilar.

20180821_181247_resized 1.jpgChozón sabinero

Olmeda de Cobeta posee un paisaje muy singular que llaman La Dehesa. En lo alto del monte, a menos de 2km del pueblo, se encuentra un bosquecillo de quejigos y encinas. Andrés asegura que muchos de estos árboles tienen creca de 800 años de antigüedad. La Dehesa era muy apreciada por la productividad de las bellotas. ¿Fueron plantadas estas encinas y quejigos hace 800 años por los repobladores castellanos? Pudiera ser. Tiene sentido que plantasen encinas para mejorar la productividad del monte dominado por las sabinas.

20180822_085846_resized.jpg

Quizá por esa generosidad de la dehesa y su importancia o quizá por vestigios de antiguos cultos a los árboles, se encuentra en ella uno de los pocos ejemplos de culto a los árboles que ha subsistido el paso del catolicismo. Existe un roble llamado Roble de las Ermitas en el cual los pastores solian mantener abiertas dos hornacinas (una a cada lado). Año a año, sin saber muy bien por qué, los pastores tallaban los bordes para mantener abiertos los huecos. Ahora alguien ha colocado allí flores e imágenes de la Virgen.

20180822_090637_resized 1.jpgEl Roble de las Ermitas

20180822_100106_resized.jpgEl Roble de las Ermitas

Encuentro otro gran roble con una hornacina similar, también con imágenes, pero peor mantenido. Andrés Mena me asegura que lo de ese roble no es un roble de ermitas, pero yo juraría que la estructura es igual que la del otro.

20180822_082209_resized 1.jpg

La visita a los cañones del Tajo es obligada, aunque requiere buenas subidas y bajadas con la bicicleta. Hay 300 metros de desnivel entre el río y los pueblos y es preciso subir y bajar varias veces.

20180823_161142_resized 1Zahorejas, cañones del Tajo

El Tajo corre transparente por estos cañones formando preciosas playas de aguas azuladas. En el Puente de San Pedro sólo unos pocos paisanos disfrutan del baño en estas maravillosas aguas. Es una maravilla bañarse en estas aguas tan trasparentes y tan poco concurridas.

20180823_154322_resized.jpgPuente de San Pedro

Otra de las maravillas de la zona es el paraje de la ermita de la Virgen de Montesinos. Es un estrecho barranco de grandes rocas rojas por el que corre el río Arandilla formando unas preciosas pozas en la roca. Hay un merendero y zonas libres de zarzas donde se puede disfrutar del baño en el agua helada. Vuelvo a visitar Montesinos el último día. Donde esté un río cristalino que se quiten todas las playas y las piscinas, lástima que los ríos limpios se hayan convertido en un lujo casi inasequible en nuestro tiempo.

20180825_110339_resized 1.jpgParaje de la Virgen de Montesinos

Los últimos habitantes de la zona que visito son las grandes sabinas. Según los paisanos, en cada pueblo hay una gran sabina y muchas de ellas son milenarias. Consigo que Julian, un aficionado a la botánica y seguidor del blog de Antonio Turiel (una se encuentra peakoilers en los lugares más insospechados) me lleven a la gran sabina de Olmeda. Consigo hacerme una foto con ella donde se ve lo ancho que es su tronco, más de dos metros de diámetro.

Según Andrés Mena, esta zona de Cobeta posee la mayor concentración de árboles centenarios y milenarios de la Península, exceptuando los olivares. No sé si será cierto pero las longevas sabinas son una buena baza. Lo destacable es que los paisanos hayan salvado a las sabinas más viejas y no las hayan cortado. Algún resto de culto al árbol ha debido de sobrevivir por estas zonas para que tantas viejas sabinas hayan sobrevivido.

 

20180825_194054_resized.jpgSabina de Olmeda de Cobeta

 

26 de agosto. Olmeda de Cobeta – Medinaceli

Viaje de vuelta. Salgo de Olmeda sin prisa, antes había que despedirse de los alrededores, en particular de Andrés Mena y de la joven encina de al lado de la casa que está en un alto en el que se domina todo el paisaje y donde me gustaba subir al amanecer.

20180825_075020_resized.jpg

Tambien despedida a la gran sabina, que está cerca de la carretera por la que tengo que pasar.  Me pregunto si las viejas sabrinas sabrán decirnos cuál es el secreto de vivir en estas tierras ásperas y cómo podemos prepararnos para un futuro en el que haya que volver a extraer la energía de la tierra, como antaño.

20180825_095736_resized 1.jpg

Su respuesta (bueno, más bien la respuesta que se me pasa por la cabeza estando allí entre la sabina y los campos de cereal) tiene que ver con algo que llegué a conocer de niña cuando mi padre me llevaba al campo.  Es una forma especial de estar en el mundo, es eso que nuestros abuelos y abuelas hacían a menudo y ahora diríamos que es una meditación: sentarse a la puerta de la casa, al lado del camino, en lo alto del páramo y contemplar sin más… estar allí, fundirse con el paisaje, absorber su paz.

20180826_103258_resized 1.jpg

Esa es la riqueza de las gentes del campo: la alegría de la calma, de estar simplemente. Es la riqueza de tiempo y de sol, que llena las mentes y da algo que las gentes de ciudad buscamos constantemente en inumerables actividades de ocio: tranquilidad. Quizá sea eso. Quizá ese alimentarse del paisaje del que también nos hablaban Rodriguez de la Fuente y Delibes era lo que daba a nuestros abuelos y abuelas la alegría y el alimento del alma suficiente para soportar la soledad y las privaciones del campo.

20180823_180223_resized.jpg

 

Luego hacia Maranchon, por las tierras de sabinas que, poco a poco, se van volviendo algo mas amables y empiezan a tener pinos resineros, encinas y roble melojo inipiente.   Es una enorme zona de monte donde no se atisban siquiera pueblos o casas en todo lo que abarca la vista. En 10 Km sólo me cruzo con un coche y 2 ciclistas. Los únicos indicios de actividad humana son los chozos de resineros, los tendidos eléctricos y los molinos que vuelven a aparecer en el horizonte. Me cuentan más tarde que esa zona era un gran bosque de pino y roble que se quemó en el gran incendio de 2004.

En la desviación hacia Ciruelos del Pinar se pueden volver a oir las aspas de los molinos.  Maranchon. No entro en el pueblo porque me da mala espina un hombre de mediana edad que me mira con cara de “¿que hace una mujer sola…?”… cara de putero y todavía no muy viejo, mejor poner cara de mala leche y huir.  A pesar de las maravillas de la excursión no hay que olvidar que todavía vivimos donde vivimos. Un rato por la carretera general con bastante tráfico y pronto la desviacion hacia Layna.

De nuevo el silencio y carreteras vacias. Campos de cereal desarbolados se alternan con bosques de encinas. El terreno es más llano, he dejado Guadalajara  y se nota que voy entrando en la llana meseta norte. Es una lástima que las zonas de cereal tengan la costumbre (o el vicio de la PAC) de acabar con todas encinas de las lindes. Los bosques de encina crecen bien cuando se les deja espacio en estas zonas.

20180826_130414_resized 1.jpg

En Layna todo el pueblo está en la calle, igual que estaba también en Ciruelos, en verano la España vacía no lo está tanto.

Última a subida al páramo después de pasar el pueblo. Este páramo es igual de pedregoso que el de Cobeta, pero no tiene árboles. Estoy ya en las zonas de la meseta, donde la cultura del campo (debo reconocerlo a pesar de que sea mi tierra) es bastante arboricida. Paisaje desolado donde los chozos dan testimonio de la actividad de los pastores.

20180826_140742_resized 1.jpg

Varios kilometros por el alto hasta que aparece Medinaceli a lo lejos. Pero primero hay que bajar y estoy ya tan harta de las bajadas… He llegado a odiarlas mucho más que a las subidas, que no son un problema con la bici eléctrica. En las bajadas mantener el equilibrio y controlar los frenos es vital y requiere un esfuerzo mental que termina cansando bastante.

20180826_142728_resized 1.jpgMedinaceli

Medinaceli está llena de restaurantes y de turistas, otro de los pueblos que se han convertido en museos  de la Edad Media. A pesar de la belleza de las calles da un poco de pena ver estos lugares, que fueron prósperas cuidades, convertidos únicamente en parques temáticos para madrileños.

El pueblo está lleno de rincones con encanto, la gracia de los balcones, los enrejados de las ventanas… Esta ciudad no fue sólo un castillo fortificado. La historia de España que nos han enseñado está llena de estereotipos un poco absurdos: Castilla guerrera, Al Andalus de las ciencias, Galicia poética…etc. Medinaceli no fue sólo una ciudad miliar, aquí también floreció, como en todas partes, la cultura y el arte. ¿Cómo llegaron a ser tan prósperas estas ciudades y por qué cayeron después tan drásticamente?

20180827_081057_resized.jpgMedinaceli

Siempre he pensado que lo que hizo grande a estas ciudades castellanas fue la libertad de las Comunidades de Villa y Tierra. Comunidades que empezaron democráticas e igualitarias. Por eso mismo fueron muy eficaces económica y militarmente (a pesar de su frágil territorio) y se expandieron. Pero, al expandirse, colonizaron otros territorios –primero en el Sur de España y luego en América– con ello alimentaron una clase aristocrática y perdieron los valores que las había hecho grandes: su democracia y su igualdad.

20180827_081510_resized 1.jpgMedinaceli

Más tarde, sus aristócratas se olvidaron de ellas y las sustituyeron por las ciudades de la costa, y ellas se quedaron en el interior, olvidadas y orgullosas. Las virtudes de los rudos colonizadores, capaces repoblar los agrios sabinares con tal de disfrutar de su libertad y capaces de vivir en comunidades igualitarias fuertemente cohesionadas, fueron olvidadas. Se quedaron con el elitismo y la ranciedumbre de los aristócratas.

Más tarde la Ilustración puso la puntilla a estas villas. En lugar de traer de nuevo la libertad y la cultura, la Ilustración trajo la expropiación de las tierras comunales y el fin de su autonomía política.  Los pocos resquicios del pasado comunitario se rompieron y las ciudades cayeron todavía más en la mentalidad reaccionaria, en el elitismo, en el odio a todo lo que significara progreso, libertad o izquierdas.

Los patrones de siempre: el colapso de las sociedades complejas, la falta de resiliencia comunitaria, el elitismo…el peor defecto de esta tierra compleja en la que he nacido y donde vivo para bien y para mal.

¿Volverán de nuevo los repobladores ahora que esta tierra se ha quedado vacía de nuevo? Soñar es gratis. Quizá algún día las comunidades de jóvenes neorrurales y agroecológicos vuelvan a florecer en la Centroiberia y sean protegidas desde arriba en lugar de encarceladas.

27 de agosto. Medinaceli – Valladolid (en bus)

Hoy toca el viaje final en autobús. Bajar de Medinaceli, empaquetar la bici para que la dejen entrar en el bus. Consigo un rollo de film (del de envolver los bocadillos) para envolver la bicicleta. Más tarde me dice el conductor que no hace falta envolver la bici entera, basta con envolver la cadena, para que no manche de grasa el resto de las maletas.

20180827_091659_resized 1.jpg

Autobús de Medinaceli a Soria. Unas horas de espera en Soria, donde la mala organización de la estación de autobuses y la escasa información me hacen retroceder 20 años (cosa que no es exclusiva de Soria, yo la he encontrado en muchas ciudades y en casi todas las empresas excepto en ALSA).

Paseo por Soria. A pesar de su pequeño tamaño las calles están llenas de gente, hay pequeño comercio y muchos bares. El Parque de la Alameda y la Calle del Colado son una auténtica delicia, con ese ambiente ciudadano un poco del siglo pasado, tranquilo y alegre, lejos de las prisas de las grandes ciudades. Soria, con su aislamiento, mantiene mucho mejor sus pequeños negocios y su vida ciudadana que otras ciudades como Guadalajara, por ejemplo, que se ha convertido en una ciudad dormitorio de Madrid.

20180827_133031 1.jpgSoria, parque de la Alameda de Cervantes

En la calle Collado me encuentro una agradable sorpresa. Un puesto de un joyero artesano que hace joyas con motivos arqueológicos. El caballo de Numancia, los buitres, caballos y lobos celtíberos, reproducciones de símbolos medievales y prehistóricos…. Es algo que siempre he echado de menos, y no he encontrado en todos los mercadillos medievales y artesanos que he visto. ¿Por qué siempre estamos con el trisquel celta o  las espirales irlandesas y no utilizamos estos símbolos ibéricos tan cargados de magia y significado?

sin-tc3adtulo.jpg

Piezas de la joyería artesana Arsgentum

Autobús a Valladolid. Paso unos kilómetros al norte de todos esos lugares por lo que he pedaleado durante días. El valle del Duero verde y fértil, con sus viñedos y sus campos de regadío, flanqueado por cerros de pinares. Son las tierras de los poco conocidos vacceos, agricultores y alfareros. Me pregunto qué hicieron los vacceos para quedarse con las mejores tierras del llano, dejando las montañas a celtíberos y cántabros.

Valladolid de nuevo. Tomo la bici para ir de la estación a casa. Qué extraña sensación volver a casa en bicicleta, tan ligera después de un viaje tan largo, como si sólo hubiera ido a hacer cualquier cosa por la ciudad.

20180827_183452 1.jpg

Vuelvo completamente llena. Llena de camino, de sabinas, de fuentes,  de silencio, de aguas cristalinas y rocas,  de robles y encinas, de pueblos, de polvo, de subidas y bajadas, de baches y mosquitos, de aire, de sol, de viento, de grillos y buitres, de soledad acompañada siempre por el paisaje; llena de libertad, de comida de bocadillo y maravillosas duchas de agua caliente, de alforjas ordenadas y mapas revisados, estudiados y saboreados hasta la saciedad. Llena de paisajes de esa España que sólo está vacía de ciudades, pero llena de muchisimas otras cosas.

20180903_221158 1.jpg

20180903_221027 1.jpg

Anuncios

Una respuesta a “Diario de un viaje en bicicleta (eléctrica) por la España Vacía

  1. Gracias Marga por tu diario. Una pena que no conocieras a Eugenio, a su paso por Valladolid, que anduvo de gira ciclista con placas solares reclamando apoyo al autoconsumo. Último cero publicó su recibimiento en Valladolid

    Besos

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s