Aquí otra guerra no va a haber

La actual situación política española me recuerda enormemente al arcano de El Colgado del Tarot.  No soy aficionada a esas cosas de la adivinación, pero me resulta muy sugerente esta figura colgada boca abajo, atada de pies y manos y detenida por fuerzas ajenas a su voluntad. El colgado es símbolo de las cosas que no avanzan, como el agua estancada con tendencia a la putrefacción.

La política española ha ido incrementando los últimos años su nivel estancamiento hasta volverse completamente irrespirable: los recortes, las protestas y los desahucios no fueron capaces de hacerla avanzar lo más mínimo; luego ha venido la corrupción, la mentira, la ley mordaza y, como guinda, el inmenso coágulo del autoritarismo contra el Procés catalán. Casi todo el mundo se pregunta: ¿cómo podemos permitir esto? ¿por qué no nos rebelamos?

Yo creo que debemos ser un poco indulgentes con nosotros mismos porque, si no nos movemos, es, simplemente, porque no podemos. Aunque queramos cambiar las cosas, estamos como El Colgado: atados de pies y manos boca abajo en contra de nuestra voluntad. Derrotados, como el cautivo y desarmado ejército rojo. Lo único que podemos hacer es intentar entender cuáles son las causas de nuestro bloqueo para buscar una solución.

En el año 2012, cuando la protesta social en España alcanzó unos niveles tremendos y era rara la semana que no hubiera manifestaciones, escuché varias veces el mismo razonamiento de personas que hacían sus reflexiones en voz alta en algún bar (y cuando la gente se atreve a hablar en voz alta de política es porque algo es vox populi). Se hablaba de que  “no sé qué vamos a tener que hacer, haría falta una guerra para quitarlos de en medio y arreglar eso” , pero también de que “aquí otra guerra no va a haber”. El pueblo español, en un momento dado, vio que el gobierno no cedía y la única manera de seguir la protesta era tomando la vía de la violencia, pero, como ”aquí otra guerra no va a haber”,  unos meses más tarde, terminó agachando  la cabeza y metiendo el rabo entre las piernas.

No podemos achacar esta actitud sólo a la cobardía. En el fondo estamos siendo sensatos al hacer caso de la memoria de ese hecho tan enormemente traumático de nuestra historia. El pueblo español se está volviendo a enfrentar a los mismos problemas de antaño: la desigualdad, la injusticia, el autoritarismo, los deseos de secesión… Hace bien en no querer recorrer los caminos que ya transitó en el pasado, pero está bloqueado porque tampoco sabe cómo resolverlos de otra manera.

A veces el sentimiento de culpa no es más que un espejismo que construye nuestro ego para hacernos sentir importantes. A veces, lo que nos pasa, simplemente, se debe a otras personas y sólo ellas pueden arreglarlo. En estos momentos son muchas las voces que culpan a la izquierda de la situación política y le achacan su desunión y los fallos de sus líderes. También son muchas las que concluyen que no tenemos remedio como pueblo, pero yo creo que esas cosas no son relevantes. No es el pueblo quien tiene la culpa ni quien puede romper las ataduras que nos tienen colgadas boca abajo, sino las elites que nos gobiernan. Son ellas la que están actuando con un egoísmo extremo: han aumentado espectacularmente sus beneficios en época de crisis, siguen recurriendo al Estado para rescatar sus ruinosos negocios, llegan incluso a restregar la subida de la electricidad y el gas a una población al borde de la pobreza energética… están apoyando la injusticia, incrementando la desigualdad, protegiendo la corrupción y consiguiendo, en definitiva, que sigamos bloqueados, que la democracia se deteriore y que cada vez estemos más lejos de ser una sociedad sana y cohesianada.

Así como el pueblo español ha mostrado cierta inteligencia colectiva al recordar las lecciones de la guerra, sus élites parecen no haber aprendido nada. Las elites no parecen recordar que ganaron la guerra, pero sumieron el país en décadas de aislamiento y atraso. Las elites siguen sin aprender la lección de siglos de historia en la que, con ese mismo egoísmo y altanería, consiguieron una y otra vez empobrecer la base social, sumir al país en siglos de decadencia y subdesarrollo y endosarnos, además, una espantosa reputación internacional. Las elites siguen ahogando la creatividad de un pueblo que podría haber hecho brillar su cultura y su intelectualidad entre las naciones más desarrolladas, pero no lo ha hecho porque se ha pasado la historia enzarzado en conflictos, guerras y dictaduras.

Las elites hispanas siempre han pensado que podían vivir en palacios de muros inexpugnables separadas del pueblo, pero siempre se han equivocado. Un país es un enorme ecosistema en el que todo está unido con todo y absolutamente todo se realimenta. El vientre enfermo de la España depauperada y airada  termina por enfermar también a la soberbia cabeza.

El símbolo de El Colgado, sin embargo, tiene un aura luminosa en la cabeza mostrando que la solución al bloqueo se encuentra pensando. Quizá el arcano tenga un poquito de razón y exista una esperanza de salir de este estancamiento a base de lucidez. Quizá podamos hacer ver a quienes pueden cambiar las cosas que no es sensato ni beneficioso (¡ni siquiera para ellas!) mantener al país en este estado de inmenso estancamiento.  Digámosles a nuestras queridas y odiadas elites, por ejemplo,  que escuchen, que nos cuiden, que repartan el poder, que descentralicen y democraticen, que mejoren salarios y se suban los impuestos (como han hecho en Portugal con tan buenos resultados). Quizá algún día empiecen a ceder, no por altruísmo o bondad, sino porque se den cuenta de que somos un organismo y todo lo que nos pasa a nosotros también les está pasando a ellas.

 

Anuncios

2 Respuestas a “Aquí otra guerra no va a haber

  1. Magnífica reflexión. Aunque, en mi opinión, las élites, que deberían gestar ese movimiento del que hablas, siempre han sido mezquinas y codiciosas. Es muy raro que ese corpus social modifique algo para bien. Véase, por ejemplo, en Cataluña: antes de aceptar la corrupción interna y fallecer en el proceso, lanzan a una sociedad dividida hacia un proceso a través de la mentira y la hipnosis publicitaria; ¿Ahora, las familias que han llevado a la ruina a Cataluña son los adalides de la libertad?… Quizás el problema en sus fundamentos sea algún tipo de error de software en la mente humana… ¿Quién sabe?… Un cordial saludo

    Me gusta

    • Gracias. Aunque discrepo en que en el Pocés sólo haya ese egoismo de las elites catalanas, hay más cosas. Hay un intento de zafarse de las elites españolas muy comprensible, pero también está el egoísmo de las propias elites catalanas que cuando ven que va en serio se achican. A base de los egoísmos de unas y otras estamos como siempre: bloqueadas y en vías de putrefacción.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s