Ecosocialismo o barbarie: ojalá en Estado Español fuera como Ecologistas

En la Asamblea Confederal de Ecologistas en Acción, que se ha celebrado este año entre el 8 y el 10 de diciembre en Valladolid, se dedicó un espacio para debatir el delicado “tema catalán” dentro de la organización. El objetivo no era encontrar un posicionamiento concreto de la organización respecto al tema, sino, simplemente, dialogar sobre un problema que, en Ecologistas como muchísimos otros ámbitos, puede ser fuente de indeseables roces. El diálogo no fue más (ni menos) que un proceso de escucha del que no se extrajeron conclusiones, pero yo, personalmente, sí extraje una conclusión muy clara del mismo: ojalá la organización territorial española fuera como la de Ecologistas en Acción.

Ecologistas se formó hace 19 años como Confederación de grupos locales con unos principios de descentralización muy avanzados. Desde el principio se reconoció el derecho de autodeterminación de los pueblos y se hizo un esfuerzo por incluir las cuatro lenguas oficiales en los documentos. Pero lo que más caracteriza su organización, y es, probablemente, su mayor acierto, es su total descentralización, su toma de decisiones de abajo a arriba y su funcionamiento basado en la cooperación.

Ecologistas es una Confederación de grupos locales con total autonomía en cuanto a sus actuaciones que se coordinan para ayudarse en la defensa de los intereses comunes. Son los grupos locales de las diferentes ciudades y comarcas los que se articulan y deciden en la Coordinadora Confederal. Estos grupos locales, asimismo, participan en Áreas Temáticas sobre aspectos concretos y se coordinan en Federaciones regionales. Dentro de Ecologistas no existen tensiones de reparto de poder entre grupos de diferentes territorios. Tampoco la descentralización y la autonomía extrema son un problema para la organización, porque la cooperación en los frentes comunes es necesaria y surge espontáneamente.

Ojalá el Estado Español se construyera como Ecologistas en Acción: radicalmente desde abajo. Porque el Estado de las Autonomías ha sido un intento de descentralización, pero se ha hecho desde arriba, con un poder central que concede, o no, a las comunidades y ayuntamientos competencias y financiación. Esto se presta enormemente a rencillas, pesebrismo, discriminaciones, luchas de poder y chanchullos entre partidos. Todo ello se observa con profusión en todos los ámbitos: desde el reparto de la financiación entre ayuntamientos por parte de las diputaciones hasta las relaciones entre las comunidades autónomas con el gobierno de Madrid.

Ojalá la organización y el reparto de poder en el Estado Español se hiciera también desde abajo y  tanto la soberanía como la capacidad de financiarse estuviera en las ciudades y pueblos quienes, organizándose para resolver problemas comunes, dieran lugar a las comunidades autónomas; y a su vez, la cooperación entre comunidades, diera lugar al estado central.

Hace unos años Jorge Riechman describió la gran coyuntura en la que se encuentra la sociedad actual con el lema “ecosocialismo o barbarie” estableciendo que sólo los principios ecosocialistas (como el respeto a la diversidad y la cooperación desde abajo) son capaces de alejarnos de la deriva hacia el fascismo que está surgiendo ante el choque contra los límites del planeta. Creo que, en estos momentos, el Estado Español se enfrenta ante un dilema similar: o sabemos aplicar los principios de cooperación desde abajo y respeto a la diversidad, o podemos volver a caer la barbarie, de la cual nuestra historia ya tiene sobrados ejemplos.

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