Hijos del gran putero

Ruego a mis amigas feministas que me corrijan si me equivoco, pero me da la impresión de que, a la hora de revisar el lenguaje, el feminismo está descuidado una de las facetas más importantes y donde se expresa con más saña la violencia patriarcal: los insultos y expresiones relacionadas con el sexo.

Reconozco que me meto en un berenjenal al abordar estos temas porque, ni soy experta en feminismos ni sé demasiado de lingüística y estos temas son bastante escabrosos, pero no comprendo por qué todavía no se cuestionan insultos que a mí me resultan enormemente patriarcales como hijo de puta. Este insulto, uno de los más fuertes de nuestra lengua, resulta indignante (y arcaico) por varias razones. Por una parte, insulta a la madre del susodicho (una mujer) que no tiene culpa alguna; por otra, se basa en el antiguo y desfasado concepto de la honra femenina que consideraba inferiores a las personas nacidas fuera del matrimonio y, además, se ceba en las prostitutas, quienes, mayoritariamente, sólo son víctimas del proxenetismo y la pobreza.

Tampoco estaría de más desterrar la palabra puta como insulto. Esa palabra, de la cual deriva  putada,  se utiliza para la mujer que actúa de mala fe y con maldad. Pero, por otra parte, también se llama puta a la mujer que decide sobre su sexualidad libremente y a las víctimas de la trata. ¿Son las mujeres libres que deciden sobre su sexualidad o las víctimas de la trata mujeres que hacen putadas y obran con maldad? En lugar de llamar malvados a los proxenetas, asociamos la maldad a sus víctimas o a las mujeres independientes. ¿Qué mensajes envenenados estamos transmitiendo con esa palabra?

El verbo joder como sinónimo de fastidiar, estropear o arruinar está también relacionado con la arcaica honra (la virginidad femenina que se jode con el acto sexual). Este verbo se lleva la palma de la violencia: joder se aplica a la mujer como sujeto pasivo, a la mujer se la jode, el hombre jode. Esta asociación de ideas hace esquizofrénica la relación de las mujeres con el sexo ¿Cómo es posible que una mujer disfrute del acto sexual y la vez tenga una buena opinión de sí misma si es un acto donde se la jode? Deberíamos conseguir que un verbo con tantas connotaciones negativas y un uso tan agresivo se fuera desligando de su referencia al acto sexual y quedase únicamente como sinónimo de fastidiar o arruinar. Por suerte, algo de eso está sucediendo ya.

Para referirse al acto sexual existe el verbo follar, igualmente explícito y menos agresivo, ya que deriva de la palabra fuelle y habla de la semejanza con respiración entrecortada de ambos practicantes del acto. Sin embargo, en los últimos años, este verbo ha sufrido una deriva preocupante porque se está volviendo cada vez más transitivo. Follar ya no se utiliza sólo para describir a dos personas que follan, ahora está empezando a utilizarse aplicado a alguien (nos la follamos, que te follen). Esto hace que el verbo follar esté cogiendo las connotaciones negativas y los roles dominante-dominada del verbo joder.

¿Por qué no empezamos las mujeres a cambiar nuestro lenguaje para reivindicar, con ello, una visión igualitaria y no violenta del sexo? ¿Y si desterramos el “se folla a” y lo sustituimos por  “folla con”? ¿Y si cambiamos el hijo de puta por otras expresiones como, putero de mierda, o hijo del gran putero (o hija), por ejemplo? Putero es una palabra mucho más apropiada para ser usada como insulto, ya que nos habla de aquel que alardea de ser un macho dominante a base de la explotación y la denigración de otro ser humano, además tiene un matiz interesante porque el putero, en el fondo, es un cobarde que no se arriesga al sexo entre iguales.

El lenguaje inclusivo ha hecho que las mujeres nos sintamos de una forma diferente en las reuniones sociales, permite que nos veamos apeladas en los discursos y nos sintamos una parte más activa. Si cambiamos también nuestro lenguaje en todo lo relaciona con el sexo quizá  consigamos que la visión sobre la sexualidad se vaya alejando de la violencia, el abuso y la represión para alcanzar cauces más igualitarios y respetuosos.

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4 Respuestas a “Hijos del gran putero

  1. ¡Bingo! gracias por decirlo tan clarito y poner tantos ejemplos. A ver si permea nuestras cabezas de una vez por todas. Un día sí y otro también me oigo corregir y rebatir con los tres varones que conviven conmigo semejante mal uso y aunque sigue muy arraigado ya comienzan a cambiar las expresiones… En el ámbito laboral, profesional es muy diferente…lástima que tener un nivel de estudios y formación “superior” no garantice nada

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  2. Es claro que el lenguaje es otro método de opresión machista. Por ejemplo, algo que es bueno es cojonudo, mientras que algo malo, o aburrido, es un coñazo.
    Gracias por abordar el tema, creo que es básico corregir de algún modo está discriminación para que en el futuro podamos ( o por lo menos nuestros hijos) vivir en una sociedad más igualitaria.

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