Querernos

Los pueblos que no se quieren, igual que las personas que no se quieren, raras veces se escuchan a sí mismos o se permiten referéndums. Los pueblos que tienen la autoestima muy baja es difícil que se den a sí mismos gobiernos justos y democráticos. También es fácil que se conviertan en maltratadores de sus propias minorías étnicas e ideológicas, maltratadores, en el fondo, de sí mismos. Los pueblos que tienen baja autoestima reaccionan muy mal cuando una parte de ellos quiere independizarse porque, igual que las personas inseguras cuando su pareja les abandona, sienten que no valen nada sin esa otra parte que les deja.

La baja autoestima se realimenta. Los pueblos con baja autoestima eligen políticos prepotentes y egoístas, porque les dan una imagen de seguridad que no ven en sí mismos. Cuando estos políticos se convierten en corruptos o tiranos, se sienten muy avergonzados y, si alguien les saca los colores, reaccionan violentamente, causando todavía más antipatía y sintiéndose todavía más avergonzados, más inútiles y más incapaces de reclamar la democracia y la justicia que no cree merecer.

En estos momentos, España necesita mucha autoestima. Sólo podemos proponer soluciones válidas al reto histórico al que nos enfrentamos si actuamos con serenidad, buscando lo mejor para todos, creyendo, también, que merecemos lo mejor para todos. No es fácil mantener una autoestima sana siendo español después de las barbaridades del 1-O y de haber sido la vergüenza de las portadas de la prensa europea.  A mayores, nuestra autoestima estaba bastante tocada estos últimos años: después de que el espejismo del “somos europeos” se pinchara con la burbuja inmobiliaria, de que el enorme esfuerzo del 15M terminara con otra victoria electoral del PP y de vernos enfangados en un lodazal de corrupción que apenas ha llevado a corruptores ni corrompidos a la cárcel

Hay cosas, además, que no nos ayudan nada y son un poco injustas. Llevamos siglos oyendo leyendas negras que nos pintan como un país de atraso e ignorancia del que solo se salvan catalanes y vascos, los únicos que consiguen tener una autoestima decente, porque no son tan españoles. Esto acaba convirtiendo a catalanes y vascos en esos hermanos, queridos, pero también secretamente envidiados. Y explica que, cuando la guardia civil marchaba a cargar contra Cataluña, gritaran “a por ellos”, expresando todas esas negras pasiones familiares que hemos callado durante siglos.

Pero la vergüenza, la culpa y la envidia son sentimientos que no nos sirven para nada. Lo único que hacen es mantenernos bloqueados en un enorme círculo vicioso de baja autoestima que crea violencia y provoca una autoestima todavía menor. El único sentimiento que puede romper el círculo, el que cura y arregla las cosas, lo sabemos bien, es el amor.

Por eso tenemos que querernos un poco, a pesar de todo. Por suerte, para querernos no necesitamos ser perfectos, ni ricos, ni siquiera buenos: podemos querernos también con nuestros enormes defectos y errores, desde la compasión y la esperanza.

Porque quererse no significa mentirse. Para quererse no hace falta sacar banderas a los balcones para tapar, bajo una imagen naíf de patria estupenda, todo lo que no nos gusta. Quererse no significa ser egoísta o defender lo propio a porrazos, creándose enemigos innecesarios y privándose de la posibilidad de tener relaciones sanas con otros.

Quererse significa, simplemente, verse. Ver nuestras cosas malas, ver nuestras cosas buenas. Aceptarnos como somos, pedir perdón si es que lo necesitamos. Reclamar lo que merecemos y denunciar las críticas injustas con dignidad, si es que lo necesitamos. Quererse significa saber que somos humanos y que todos los pueblos del mundo han caído en algún momento en nuestros mismos errores.

Quererse significa ser pacientes, tener esperanza.  Significa tener confianza en que nuestros políticos, algún día, van a ser dignos instrumentos al servicio del pueblo, porque nosotros lo necesitamos, lo queremos, lo merecemos. Y, si no lo conseguimos, no nos vamos a abandonar, ni a alienar, ni aquedar en casa dejando que gobiernen los peores, vamos a salir a la calle y buscar a quienes sean, como mínimo, los menos malos. Quererse es empezar a confiar en nosotros mismos, en que podemos volver a intentarlo, en que podemos volver a fracasar, en que podemos fracasar, esta vez, un poco mejor.

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3 Respuestas a “Querernos

  1. Estimada Marga,
    Ojalá tus palabras resonaran como amplificados altavoces, haciendo mella en una masa que está perdiendo audición y afectada en su sentido del equilibrio…
    Saludos y abrazos mediterraneos desde Eivissa (Ibiza)

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  2. Si alguien desde los sillones tuviera una pequeña parte de su inteligencia emocional, o la minima ética o empatia, sabria que esto es un problema de educación desde el amor, pero el amor va unido al respeto. Y por lo visto adolecemos de introspección.
    Gracias bellisimo artículo, creas esperanza.

    Le gusta a 1 persona

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