¿Qué hay detrás del “a por ellos”?

Estos días nos ha sorprendido la violencia desatada en algunas ciudades españolas al paso de los vehículos policiales que marchaban a Cataluña y ese lema “a por ellos” de las calles de Huelva. Sorprende, especialmente, viniendo de Andalucía, una comunidad que nunca ha destacado por ser de derechas y es, además, lugar de origen de los abuelos y abuelas de miles de catalanes. Esto contrasta, también, con el tono general de las manifestaciones nacionalistas en Cataluña, que ha sido de calma y alegría. ¿Qué ha pasado para que los andaluces odien a los catalanes repentinamente? ¿Ha sido el Procés capaz de crear esa enemistad en unos pocos años?

Lo dudo. La enemistad y la rabia debían estar ya incubadas. ¿De dónde viene, entonces, ese odio a los catalanes (o a los catalanes independentistas)? ¿Se debe a que son diferentes y hablan otra lengua? ¿O será, más bien, el “a por ellos” un síntoma de los celos y rencores (pocas veces reconocidos) entre regiones ricas y regiones pobres? ¿No será que el auténtico enfrentamiento del Procés –tanto en los sentimientos del pueblo como en las razones ocultas de los políticos– no es cultural, ni político, sino, simplemente, económico?

Aunque la falta de respeto y los tintes fascistas del “a por ellos” son muy criticables, se puede entender que esos andaluces no hacen sino volcar la frustración acumulada durante 9 años de crisis, que es especialmente acuciante en su comunidad (una de las de mayor tasa de desempleo y menos financiación por habitante) y a la que no se ven visos de mejora por medio de la política. En este caldo de cultivo, no es extraño que el catalán sea visto (con razón o sin ella) como “el pariente rico” que se quiere separar para no tener que ser solidario.  Desde luego, eso explica que las manifestaciones catalanas se vivan con esperanza y alegría (de librarse de una rémora) mientras las españolas están llenas de la furia. Algo así como la furia de los pasajeros de tercera que ven, desde la bodega, cómo el barco se hunde mientras los pasajeros de primera piden montarse en los botes salvavidas.

No seamos ingenuas, sabemos bien que detrás del Procés no solo están los anhelos de libertad del pueblo catalán, ni tampoco (únicamente) el deseo de ocultar la corrupción política. El Procés arrancó con un gobierno que denunciaba no recibir la financiación adecuada y aspiraba a un estatus similar al de las regiones forales. Uno de sus primeros eslóganes fue el famoso “España nos roba”.

Quizá tenemos que empezar a hablar claro de todos esos problemas regionales que escondemos sin resolver en el desván de la historia española.  España es un país muy desequilibrado y que sigue acumulando desequilibrios. La financiación por habitante es muy desigual entre comunidades autónomas y se acentúa en las regiones forales, que llegan a tener el doble que la media[1]. La población se está desequilibrando hasta el extremo de que amplias regiones han traspasado el umbral del desierto demográfico.  El poder político de cada comunidad está muy lejos de ser proporcional al número de habitantes y es frecuente que nos encontremos con el absurdo de que sean los partidos de las regiones forales los que tienen la llave de los presupuestos generales del Estado, ¡presupuestos que no afectan a la financiación de sus comunidades! Tampoco existe un foro donde corregir los desequilibrios regionales ya que es el Estado central el que negocia individualmente con cada comunidad, no las comunidades las que debaten entre ellas las cuestiones comunes.

En estos momentos la política española debería ser capaz de enfrentarse a una reforma de la organización territorial y resolver el problema catalán de forma creativa y dialogante. Pero eso requiere una flexibilidad que no tenemos. Somos un país enormemente rígido y la culpa de ello no sólo la tiene el autoritarismo del gobierno del PP. También se debe a que estamos atados a unos frágiles equilibrios de poder regional que tienen un origen muy antiguo y cualquier movimiento supone desatar los viejos conflictos que dieron lugar a varias guerras: las incómodas y mal digeridas Guerras Carlistas.

¿Vamos a ser capaces de enfrentarnos a todo lo que hay detrás de los viejos problemas regionales en estos momentos en que el Procés ha abierto el melón de la soberanía? Sinceramente, dudo que tengamos valor para ello. Pero, no estaría de más que empezáramos a pensar en que en algún momento sea posible evolucionar hacia un marco político bueno para todos, justo, flexible, dialogante y democrático. Al fin y al cabo, si no empezamos en algún momento a creérnoslo, nunca vamos a ser capaces de crearlo.

 

[1] https://www.elconfidencial.com/economia/2015-07-21/los-recursos-per-capita-del-pais-vasco-y-navarra-duplican-a-los-del-resto-de-regiones_937790/

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