Los nombres que no se han puesto a las calles de Valladolid

Los nombres que el Ayuntamiento de Valladolid ha propuesto para las calles que se han visto afectadas por la Ley de la Memoria Histórica no han sorprendido por su originalidad ni tampoco por despertar mucho entusiasmo. Es una lástima que el Ayuntamiento haya desaprovechado esta ocasión de poner nombres un poco más interesantes y no haya escuchado la sugerencia que en este sentido le ha hecho la Dirección de la Escuela de Ingenieros, porque proponía los nombres de cuatro personajes vinculados con Valladolid con una historia realmente apasionante.

Y es que pocos vallisoletanos conocen que existió en la Castilla del siglo XVII una floreciente generación de ingenieros e inventores que se pueden encontrar entre los más brillantes hombres de la técnica de su época. Suele pensarse que la ciencia y la tecnología tuvieron en España un nacimiento mucho más tardío que en otros países europeos pero los estudios que el profesor de la Escuela de Ingenierías D. Nicolás García Tapia realizó hace unos años han desvelado que eso no es cierto.

En Valladolid vivieron personajes como Jerónimo de Ayanz y Beaumon, hombre polifacético, que destacó como militar, pintor, cosmógrafo y músico, pero sobre todo, como inventor. Actualmente se le considera el inventor de la primera máquina de vapor de la historia, aunque este sorprendente descubrimiento es muy reciente, ya que han sido los trabajos del propio profesor García Tapia los que lo han sacado a la luz. Ayanz también desarrolló molinos de viento, mejoró la instrumentación científica, inventó una campana para bucear, una bomba para desaguar barcos, un precedente del submarino, una brújula que establecía la declinación magnética, un horno para destilar agua marina a bordo de los barcos, balanzas “que pesaban la pierna de una mosca”, molinos de rodillos metálicos (que se generalizarían en el siglo XIX), bombas para el riego, etc.

La estancia en Valladolid de Ayanz entre los años 1601 y 1606 fue su periodo más creativo. Montó en esta ciudad un taller que, a juzgar por las patentes que le fueron concedidas, le convierte en el mayor genio creativo que habido en este país, comparable a otros grandes hombres como Leonardo da Vinci o Edison.

A Ayanz se pueden suman inventores también ilustres y relacionados con Valladolid como el del medinense Francisco de Lobato, adelantado a su tiempo en el desarrollo de las ruedas de molinos; el aragonés Pedro Juan de Lastanosa, hombre de vasta cultura al que García Tapia atribuye la autoría de Los Veintiún Libros de los Ingenios y de las Máquinas; y el vizcaíno Pedro de Zubiaurre que construyó un ingenio para dar subir agua desde el Pisuerga, cuyos restos todavía se pueden ver al lado del Puente Mayor, copiado de las bombas utilizadas en la ciudad de Londres que él había conocido en sus misiones como espía al servicio del rey.

La profunda crisis política y económica que sufre España en el siglo XVII y el fanatismo de la Inquisición hicieron que todo este desarrollo científico fuera bruscamente truncado y la memoria de estos hombres fuera olvidada, y en ocasiones desconocida por los propios historiadores.

Los nombres de las calles de una ciudad conservan lo mejor de la memoria colectiva y son un espejo en el que nos reflejamos. Es bien conocido que la imagen que uno tiene de sí mismo condiciona aquello en lo que se convierte, por ello no estaría nada mal que pusiéramos a estos sabios en el lugar que les corresponde entre nuestras calles. De esa forma no sólo nos veremos como una ciudad de obispos, generales y duques, sino también como lo que hemos sido, una ciudad de inventores y hombres de ciencia, que también este tipo de hombres cultos y brillantes han sido parte de nuestra historia.

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Una respuesta a “Los nombres que no se han puesto a las calles de Valladolid

  1. Era una ocasión de reparar el mal endémico de no poner en valor el ingenio y la ciencia propias. Si Isaac Peral voviera a ‘inventar el submarino’ se tendría que marchar de España para que alguien lo apoyase, parece que lo único importante es meter un gol, con el culo o la cabeza, pero meter un gol.

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