¿Arreglar la ribera del Pisuerga o destruirla?

El otro día, al pasar por el puente de Arturo Eyries, me quedé  atónita al ver lo que han hecho en la orilla: el pequeño bosque de ribera ha sido sustituido por una rampa de materiales artificiales, césped y piedras alineadas. Imagino que la intención era “arreglar”  la ribera del río, pero el resultado, al menos a mí, me parece espantoso.

No entiendo cómo alguien puede dedicar dinero público a algo así. Al lado de un río lo que uno espera encontrar es un bosque de ribera, esos espacios que tienen tanto encanto y que, no sólo son bellos, además son fundamentales en la ecología del río.

Las plantas de ribera (zarzas, sauces, juncos)  realizan una función vital. Son los encargados de filtrar el agua del río y devolverla renovada y limpia, capaz de albergar vida. La vegetación de ribera no son simples malezas, son lo que mantiene el equilibro del agua y el aire, son los riñones y los pulmones de nuestras ciudades. La obra que se ha realizado en Juan de Austria, si buscamos el símil humano, sería como someterse a una costosa operación para sustituir un riñón o un pulmón por una pelota de plástico, que es más “limpia”.

Esa obsesión por “reformar”, “limpiar” y “ordenar” la naturaleza muestra hasta qué punto estamos alejados de ella y  no comprendemos los mecanismos que rigen, tanto a ella como a nuestra propia vida. Si la dejamos actuar, la naturaleza se ordena a sí misma, se limpia,  se regula, no hace falta que nosotros trabajemos sin descanso para “adecentarla”. Sólo tenemos que comprender sus mecanismos, ayudarla a encontrar su equilibrio, e intervenir  mínimamente para poder acceder a ella con comodidad.

Los espacios ajardinados muy  intervenidos y cuadriculados pueden resultar estéticos, pero tienen el enorme inconveniente de que requieren un mantenimiento constante y costoso. El conocimiento que actualmente se tiene de los ecosistemas nos permite hacer algo mucho más inteligente: se pueden crear espacios con mantenimiento mínimo si sabemos trabajar con la naturaleza en lugar de contra ella.

El Pisuerga es la joya de Valladolid y sus “riberas del Pisuerga bellas”, que decía Cervantes, podrían ser un espacio del que esta ciudad sacara mucho más partido del que ahora saca. Las riberas del Pisuerga  no necesitan demasiada intervención para ser un espacio natural magnífico, sólo necesitan que las mantengamos limpias y dejemos crecer los bosques de ribera que le son propios.

También publicado en Último Cero

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